Prólogo

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Hay dos cosas que aprendes muy rápido cuando tu familia es dueña de un club de fútbol, la primera, que todo el mundo te sonríe por interés, la segunda, que las promesas más grandes se hacen en las canchas con menos luz.

El olor a pasto recién cortado y tierra mojada siempre me recordaba a las tardes de septiembre en las instalaciones de entrenamiento. Para mi padre, ese lugar era un número más en el balance financiero del equipo. Para mí, a mis diecinueve años y con mi libreta de dibujo apretada contra el pecho, era el único sitio donde sentía que podía respirar lejos del protocolo.

—Ese muchacho tiene buen pie, pero le falta cabeza —comentó mi padre aquella tarde, ajustándose el reloj mientras observábamos el entrenamiento de las Fuerzas Básicas desde la zona ejecutiva—. Y lo peor, tiene un orgullo que no le cabe en el cuerpo. Gente de abajo que cree que el talento lo es todo.

En la cancha, bajo una lluvia ligera que amenazaba con convertirse en tormenta, el número 3 corría como si le fuera la vida en cada jugada. Tenía el uniforme desgastado y el cabello pegado a la frente por el sudor. A penas tenía veinte años, pero jugaba con una rabia contenida que a mi padre le parecía un defecto, y a mí... me pareció la cosa más fascinante del mundo.

Ese era Diego.

Cuando el entrenamiento terminó y la directiva se retiró a la sala de juntas, me quedé atrás en la zona de vestidores de la cantera, fingiendo que revisaba mi celular. A través del cristal lo vi salir.

Llevaba una maleta deportiva en el hombro y caminaba con la cabeza agachada, esquivando el agua.

—Se te va a mojar la maleta —le dije, saliendo del alero del edificio con el paraguas abierto.

Diego se detuvo en seco. Se giró con brusquedad, limpiándose las gotas de lluvia de los ojos. Al reconocerme, su postura se volvió rígida en un segundo, ese orgullo del que hablaba mi padre se le dibujó de inmediato en la mandíbula.

—Buenas tardes... —murmuró con una cortesía helada, apretando la correa de su maleta—. Si buscas a tu papá, está en las oficinas principales.

—Sé dónde está mi papá —respondí, dando un paso hacia él sin importarme que el agua me salpicara los zapatos—. Y no lo estaba buscando a él. Te estaba viendo jugar.

Diego sostuvo mi mirada. En sus ojos oscuros vi una mezcla intensa de advertencia, inseguridad y una curiosidad que no pudo ocultar.

—No deberías estar aquí sola con los jugadores de la cantera —dijo con la voz baja, mirando hacia los lados para asegurarse de que no hubiera nadie cerca—. Si alguien te ve hablando conmigo, van a pensar cosas que no son.

—¿Y a ti te importa lo que piensen?

—A mí me importa mi carrera —contestó con firmeza, dando un paso hacia la salida—. Y gente como tu sólo traen problemas para gente como yo.

Esa fue la primera vez que escuché el tono defensivo de Diego. La primera vez que supe que para él, mi apellido era una pared y no un puente. Y sin embargo, mientras lo veía alejarse bajo la lluvia con la espalda erguida, supe que esa no sería la última vez que me prohibiría acercarme.

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¿Qué les parece este prólogo?

Si les gustaría leer la historia estaría increíble que votaran para saber si publicarla, finalizando la de Carlos  comenzaría con esta. 🤭

Nos leemos✨

Hoax | Diego CampilloStories to obsess over. Discover now