10:15 pm.
Marco la pantalla de mi celular que iluminaba débilmente mi rostro; de fondo se escuchaban las voces de mis familiares.
No sé cuánto tiempo llevaba esperando para poder largarme a mi cuarto y seguir leyendo manga, hasta que una voz dirigida a mí me sacó de mi burbuja.
Parpadeé unas veces y miré hacia la voz.
-Layla, cariño, ¿me escuchaste? -preguntó mi madre con esa típica voz tranquila.
Me quedé estática por apenas dos segundos antes de responder con vergüenza.
-Lo siento, mamá, estaba distraída -sentía cómo mi cara empezó a arder un poco.
Pero apenas respondí, escuché la voz fastidiada y caprichosa de mi tía Betty.
-Te estaba diciendo que se irá al extranjero a trabajar -esperó unos segundos y después siguió, como si la idea le pareciera la muerte misma-. Por lo tanto, a partir de ahora vendrás a vivir con nosotros a la ciudad.
Me quedé en shock por unos segundos antes de mirar a mi madre con una cara severa.
-¿Esto es algún tipo de broma? -Sin embargo, al ver esa irritante cara tranquila que siempre mantenía, sabía que no me quedaba otra opción.
-Layla, es mejor que vayas a la ciudad a estudiar; aquí, en este pequeño campo, te será imposible prosperar -dijo mientras me miraba fijamente, sin un ápice de culpa o siquiera duda ante su decisión.
Sentí cómo el estómago me dio vueltas en un espiral.
-No puedes elegir por mí algo tan importante como eso, tengo 18 años, mamá -intenté mantener la voz baja y tranquila, pero aun así había subido un tono.
-Aquí es donde me crié de pequeña, tengo a mis amigas aquí, no puedo simplemen-
-Sí puedes -me interrumpió, mirándome fijamente, con esa severidad que pocas veces aparecía, pero que hacía mi mundo temblar por completo.
Me callé de inmediato, abrí la boca, pero la volví a cerrar; no hallaba las palabras y, aun si las tuviera, no podrían salir.
-No discutas, las amigas y novios se pueden conseguir en cualquier lugar, es por tu futuro, lo entenderás cuando seas madura.
Sentí cómo el enojo me nublaba la vista; sin embargo, no discutí más.
-Me voy a mi habitación.
Me paré con fuerza, la silla protestó contra el suelo con un chirrido y subí las escaleras con rapidez.
Escuché la voz de mi tía desde el pasillo.
-La tienes tan malcriada, Emily, es solo una mocosa malagradecida.
Me detuve unos segundos delante de la puerta de mi habitación; después, la abrí y la cerré de un portazo detrás de mí.
La luz de la luna se filtraba a través de la ventana cerca del escritorio. Me fui directo a la cama y me dejé caer, dejando que el cansancio se apropiara de mi cuerpo y las lágrimas que había estado reteniendo finalmente corrieran en libertad contra la almohada.
Los pequeños y ahogados sollozos llenaron mi habitación, que eran opacados por la reunión familiar en la sala. Tomé mis auriculares y los conecté a mi teléfono, poniendo una canción, y miré hacia el techo, aún con las lágrimas corriendo por los laterales de mis ojos.
Después de unos minutos, mi teléfono alumbró la penumbra desde la mesita de noche. Giré la cabeza y lo cogí con una mano.
Lo tomé después con ambas manos delante de mi cara y lo desbloqueé. Había un mensaje del chat grupal.
Chat grupal: Mis chicas 👩🏻🦰😍👱🏻♀️
Lia: Hey, chicas, ¿qué tal la noche? 👀
María: Siempre andas de chismosa, pero te haré el honor de saber. 💅🏻✨
Lia: Tú siempre muy arrogante 🙄... pero te perdono, así que cuenta. 👀
María: Tengo novio. 😌
Lia: 👁️👄👁️
Tú: 👁️👄👁️
María: ¡OIGAN!
Lia: Perdón, pero pensábamos que serías la siguiente virgen María. 😇🤲🏻
Sin ofender, claro.
Lia: Dejando eso de lado, ¿qué tal la reunión familiar, Lay?
María: Sí, ¿ocurrió algo con tu tía la víbora?
Tú: En realidad, gracias por preguntar y, respondiendo a su pregunta, sí. 🥲
María: ¿Qué te hizo la vieja bruja? 🔪
Tú: Esta vez fue mi madre, me mandará a la ciudad a estudiar sin mi consentimiento.
María:...
Lia: 🌝
Tú: ¿¡Ni un comentario!? ¿Qué les pasa, chicas? 😞
María: Lo siento, pero es que mami Emily es la patrona. 🫡
Lia: Sus palabras son ley, lo sabes.
Lia: Además, ve el lado positivo, puede que encuentres a tu príncipe de brillante armadura como lo hizo María.
María: Exacto, además, esto no significa que no podamos seguir hablándonos, después de todo, nosotras también pensábamos irnos de este pueblucho, mis hermosos cabellos rojizos no aguantarán más el polvo. 😕💇🏻♀️
Lia: Dirás tus pelos tintados. 🤡
Tú: 🤣 jjj
María: 😐 Vete a la mierda, Lia.
Lia: No sabía que te gustaba que te visitaran a estas horas. 🌝
María: 😡
Tú: Gracias, chicas, por ustedes me siento mejor. Cuídense. 💋
Lia: De nada, para eso estamos. Cuídate, pecosita. 💋
María: Exacto, cuídate, florecita. 🌷
Me desconecté y apagué el móvil, sentándome en la cama. Quité la música y me puse los audífonos al cuello, miré hacia mi escritorio y me levanté con pesadez y me desplomé en la silla. Esta rechinó un poco y di la vuelta, acomodándome enfrente de este.
Le di una mirada de evaluación. Había varios papeles de letras de canciones por todas partes; a una esquina tenía mi laptop con mis libretas y libros, desde novelas hasta mangas y libros universitarios. A mi derecha, en una esquina, había una botella de agua. La tomé y le di varios tragos. Me miré en el pequeño espejo artesanal que había decorado.
Tenía los ojos ligeramente hinchados y la nariz tupida por mis fluidos. Tomé un pañuelo de una de las gavetas y soplé, aliviando mi nariz congestionada.
Miré hacia la pared en frente, donde había varias fotos. Tomé una entre ambas manos, acariciándola con un dedo. En esta había una chica sonriendo con el cabello suelto, dentro de un campo de girasoles. Su vestido blanco con patrón de girasoles ondulaba con el viento, su rostro iluminado parcialmente por el sol, el cual se hallaba de fondo.
-Te extraño tanto, hermana.
Miré la foto durante un momento más antes de volverla a colocar en la pared.
Alcé las piernas a la altura de mi pecho y tomé una libreta y un lápiz, escribiendo las letras que mi corazón dictaba, pero que mi boca callaba.
Mi único acompañante era la luna, que siempre miraba en su cruel silencio, y las luciérnagas que iluminaban afuera en el césped. Miré hacia esta misma.
Buscando respuestas en ese hermoso paisaje nocturno que la acompañó por 18 años, rezando que cuando me acostara todo esto fuera solo un mal sueño.
Suspiré y cerré la libreta, me quité los audífonos y, antes de apagar la luz de la mesita de noche, miré hacia la foto.
-Buenas noches, hermana.
Después la apagué y me resguardé en mi cama sobre mi manta y cerré los ojos, dejando que todo ese peso se diluyera en la espesa niebla de la inconsciencia que ofrecía el sueño.
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Melodías De Amor
General FictionA sus 18 años, Layla creía tener su futuro perfectamente trazado: quedarse en el campo donde creció, rodeada de sus amigas, sus recuerdos y todo aquello que alguna vez compartió con su hermana. Pero una decisión de su madre la obliga a abandonar su...
