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PRÓLOGO

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Dicen que el primer amor nunca se olvida.

Quizás tengan razón.

O quizás no se olvida porque, cuando llega, todavía somos demasiado inocentes para comprender que amar a alguien también puede convertirse en la forma más dolorosa de perderte a ti mismo.

Nos han enseñado a creer en las historias de amor.

En esas donde el chico malo termina enamorándose de la chica buena.

Él es frío, distante, arrogante y demasiado atractivo para su propio bien. Tiene una mirada capaz de hacer perder la razón y una personalidad que grita peligro desde el primer momento.

No quiere enamorarse.
No quiere compromisos.
No quiere necesitar a nadie.

Detrás de esa fachada existe un pasado que nadie conoce por completo. Un pasado que todavía sangra y que Ezra se empeña en esconder.

Y entonces aparezco yo.

La chica que no debería acercarse.

Inocente. Tímida. Responsable. Demasiado acostumbrada a seguir las reglas como para saber qué hacer con alguien que vive rompiéndolas.

Yo creía que podía salvarlo.
Él creía que podía cambiarme.
Y durante un tiempo, ambos pensamos que teníamos razón.

Porque al principio todo fue perfecto.
Las miradas furtivas.
Los mensajes a medianoche.
Los besos que hacían desaparecer el mundo.

Las promesas que parecían eternas.

Hasta que el amor comenzó a confundirse con celos, posesión, mentiras y dolor.

Porque esa es la parte que las historias bonitas suelen omitir.

No siempre el chico cambia.
No siempre la chica logra salvarlo.
No siempre existe un «felices para siempre».

A veces dos personas pueden amarse con toda su alma y, aun así, destruirse.

Yo lo sé.
Porque yo tuve a Ezra.

Mi primer amor.
Mi amor adolescente.
Mi error favorito.
Mi recuerdo más hermoso y mi herida más profunda.

Con él descubrí lo que era sentir que una persona podía convertirse en tu mundo.

Aprendí lo que era perder el aliento con una mirada, sentir la piel erizarse con un roce y creer que un beso podía durar para siempre.

Lo amé sin reservas.

Porque cuando eres adolescente no piensas en finales, piensas en eternidades Y yo pensé que Ezra sería la mía.

No sabía que la misma persona que había conseguido darle sentido a tantos de mis días terminaría convirtiéndose en la razón por la que algunos serían imposibles de soportar.

No sabía que podía sentirme tan viva... y terminar tan rota. Porque algunos amores no solamente se llevan a una persona. Se llevan una versión de nosotros.

La Dafhne que conoció a Ezra jamás volvió a ser la misma y quizá ese fue el verdadero precio de haberlo amado.
No perdí solamente a Ezra.
Me perdí a mí misma.
Esta no es una historia sobre un chico malo salvado por una chica buena, es la historia de dos adolescentes que se encontraron demasiado pronto.

De secretos.
De heridas.
De decisiones que cambiaron sus vidas.
Y de un amor que comenzó como un sueño...
hasta convertirse en una pesadilla.

Todavía existe una pregunta que me persigue:

¿Cuánto de ti estás dispuesta a perder por la persona que amas?

Yo descubrí la respuesta.
Y ojalá nunca la hubiera aprendido.

Esta es la historia de cómo conocí a Ezra.
De cómo me enamoré de él.
De cómo se convirtió en mi mundo.
Y de cómo, al final...

terminó destruyéndolo.

El Amor de un Destructor Stories to obsess over. Discover now