La sala de reuniones era un espacio frío, de paredes de cristal y luz cálida. James giraba en su silla con un movimiento rítmico, las ruedas trazando círculos sobre la moqueta gris mientras ignoraba los gestos de molestia de sus compañeros.
—Dios... ¿cuánto va a tardar ese viejo? —murmuró, con tono aburrido.
A su izquierda, Keonho levantó una ceja sin apartar la vista de su iPad encogiéndose de hombros con indiferencia.
—Si dejaras de girar como un trompo, quizás podrías escuchar cuando llegue. Pero supongo que pedirte silencio es como pedirle a un cerdo que vuele.
James rodó los ojos y siguió girando. Al otro lado de la mesa, Yunah se recostó en su silla con los brazos cruzados.
—James, si no te quedas quieto, te juro que te ato a la silla.
—Me encantaría verte intentarlo.
De pronto la puerta se abrió con y el jefe entró. Llevaba una carpeta bajo el brazo y una expresión más seria de lo normal.
—Buenos días, chicos.
Un compañero al fondo soltó un resoplido apenas audible.
—Eran buenos antes de que nos llamaran.
El comentario flotó en el aire, pero el jefe lo ignoró como hacia siempre. Dejó la carpeta sobre la mesa y la abrió.
—Bueno, para empezar —dijo, conectando su tableta a la pantalla central—. El objetivo se llama Martín Edwards Park.
En la pantalla apareció una foto. Un joven, de cabello rubio y rasgos marcados. Vestía de una manera curiosa, que no pasaba desapercibida. Sonreía como si supiera que él era importante.
James dejó de girar y se inclinó hacia adelante.
—¿Y ese quién es? —preguntó, sin dirigirse a nadie en particular.
El compañero de la izquierda, el del iPad, tecleó algo con rapidez y le alargó el dispositivo. James lo tomó y leyó: Martín Edwards Park, 17 años, cantante, compositor, modelo. Más de 13 millones de seguidores en redes sociales. Embajador de tres marcas de lujo. Considerado uno de los alfas más influyentes de la industria del entretenimiento.
—De él necesitamos su gen —anunció el jefe, señalando la foto en la pantalla.
James levantó la mirada, frunciendo el ceño.
—¿Gen?
—Habla de su sangre —susurró el compañero del iPad, sin apartar la vista de la pantalla.
—Exacto —confirmó el jefe—. Necesitamos ese gen de alfa. Es único, dominante y no vamos a encontrar otro igual en todo el país.
James se recostó en su silla con una sonrisa. Dejó el iPad sobre la mesa y cruzó los brazos.
—Pero jefe, yo también soy alfa —dijo con orgullo.
El jefe lo miró con una expresión que era mitad lástima, mitad desdén. Juhoon soltó una risita ahogada y se la tragó rápido.
—Sí —dijo el jefe, sin apartar la mirada de James—. Pero tú eres un don nadie. El otro es importante, influyente y, además, dominante. Su genética, ¿entiendes?
La sonrisa de James se desvaneció. No era la primera vez que le recordaban su lugar en esa organización, pero siempre dolía igual.
—Así que —continuó el jefe, pasando a la siguiente diapositiva—, el plan es el siguiente: necesitamos a alguien que pueda acercarse a él. Alguien que pase desapercibido. Alguien que pueda infiltrarse en su círculo...
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Aún así | Marjames
FanfictionJames es un agente chino enviado con una misión precisa: infiltrarse en la vida de Martín, un alfa dominante y uno de los compositores más reconocidos del momento. Su sangre y sus genes son extremadamente valiosos, y el objetivo de James es claro...
