en dónde gil mora le pide el número a una chica y ella termina dándole uno "falso"
o
en dónde kenneth recibe mensajes de un número desconocido por accidente
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Era un viernes por la tarde, el entrenamiento había acabado hace apenas media hora. Aún se encontraba cansado, sin embargo, uno de sus compañeros le había insistido de ir a conocer la cafetería que estaba a unas cuantas cuadras del hotel donde se estaban alojando. La cafetería era agradable...cálida, mejor dicho, era un espacio pequeño pero los muebles estaban esparcidos a la perfección, un estilo rustico que dejaban ver esas mesas de madera y las plantas colgando del techo, lo que más llamó la atención de Gilberto en ese lugar fue a la chica del mostrador; alta, cabello castaño claro, ojos verdosos y una personalidad increíble, atendía con una gran sonrisa y su tono de voz era lindo, muy tranquilo.
— Te vas a ver muy perro si sigues volteando cada cinco segundos —. Escuchó la voz de Armando, sacándolo de sus pensamientos y haciéndolo dirigir la vista hacia él, lejos de la chica que atendía. Gil ladeo un poco la cabeza, fingiendo que no entendía a lo que se refería. Su amigo por su parte soltó una risa. — No te hagas, si bien que le echaste el ojo a la barista.
El menor soltó una risa nerviosa.
— Creo que el entrenamiento te dejo más yiyiga de lo normal — respondió, tomándole a su café para no hablar más del tema.
Ojalá me hubiera funcionado la estrategia, pensó.
— Ajá, sí, más yiyiga — repitió Armando sin quitar esa sonrisa burlona de su rostro. Yiyiga, era uno de los apodos que tenía su compañero desde pequeño, pero dentro de los entrenamientos de la selección comenzaron a llamarse así entre todos, más cuando llegaban a decir o hacer tonterías. — Mejor en lugar de hacerte menso, deberías de pedirle su número — terminó de decir Armando, cómo si hubiera tenido la mejor idea del año.
Tosió, dejando el café en la mesa mientras abría los ojos con sorpresa rápidamente miro de reojo a la barista con miedo de que estuviera escuchando aquella conversación: — ¿Qué? — soltó, mirándolo como si estuviera loco. — ¿Cómo crees?, no me va a querer pasar su número, debe de ser mayor — dijo con obviedad. Si trabajaba en una cafetería es porque mínimo tenía que tener los dieciocho años.
— Ni que tuvieras doce, Mora. Además...— dice, volteando a ver a la chica —, se ve morrilla, como tú.
Miró a la chica, por un momento sus miradas coincidieron y Gilberto sintió un nudo en la boca de su estómago, apartó la vista de inmediato, concentrándose en el vaso de café que estaba frente de él. Quizá, solo quizás Armando tenía razón, la chica no se miraba tan mayor, aparte, él estaba a unos cuantos meses de cumplir los dieciocho años, no estaba tan morro, él podía hacerlo, ¿cierto?, solo era pedir un número, en el peor de los casos la chica se lo iba a negar y no pasaba nada, solo no pisaría esa cafetería por el resto de su triste vida. Suspiro, antes de levantarse de aquella silla con una determinación que ni él mismo tenía idea de donde había salido, incluso escuchó a Armando soltar un silbido de admiración. Mientras llegaba al mostrador podía sentir las palmas de sus manos húmedas por la transpiración causada por sus mismos nervios, disimuladamente se limpió sus palmas con la tela del pantalón, en ese momento los ojos verdosos de la chica se fijaron él de nuevo, una linda sonrisa lo recibió.