Capítulo 1
El sonido de la alarma resonó a las seis de la mañana, como todos los días.
Aunque, para entonces, yo ya estaba despierto.
El entrenamiento había convertido mi cuerpo en un reloj perfecto. Ya estaba vestido con el uniforme gris de sargento cuando la sirena terminó de sonar.
Salí de mi habitación y me uní al flujo de soldados que recorría los pasillos. Caminábamos en filas impecables, separados por rangos, sin hablar, sin mirar a los costados. El único sonido era el de cientos de botas golpeando el suelo al mismo ritmo.
Al pasar a mi lado, los soldados inclinaban levemente la cabeza en señal de respeto.
No respondía.
Un sargento debía mantener la compostura en todo momento. Así nos habían entrenado.
En la Cúpula, el orden no era una virtud.
Era la única forma de vivir.
Nos dirigimos al gran comedor, donde todos los habitantes de la Cúpula recibíamos nuestras comidas sin excepción.
Los cocineros y el personal de limpieza siempre se levantaban antes que el resto para preparar el desayuno y comer antes de que llegáramos los soldados.
Tomé una bandeja de metal y avancé por la fila hasta la mujer encargada de servir los alimentos.
-Buenos días, sargento.
Asentí en silencio mientras colocaba en mi bandeja la ración correspondiente: huevos, tocino, pan y una taza de café.
La alimentación también dependía de la función de cada ciudadano. Los soldados recibíamos comidas más abundantes; los trabajadores, té con una porción más sencilla; y los niños, un vaso de leche acompañado de fruta y pan.
Justo cuando iba a alejarme, la voz grave y monótona del general resonó por los altavoces repartidos por todo el comedor.
-Buenos días, ciudadanos. Hoy celebramos doscientos trece años de supervivencia. Gracias a la Cúpula, la humanidad sigue viva.
Nadie respondió.
Nadie hablaba durante los anuncios oficiales.
Con el desayuno en las manos, me dirigí a mi lugar de siempre.
La tercera silla desde la puerta y la segunda junto al enorme ventanal que proyectaba la luz artificial del amanecer.
Era tan perfecta que nadie habría imaginado que aquel cielo no era real.
++++
La rutina nunca cambiaba.
Mi trabajo consistía en patrullar el perímetro interior de la muralla, responder a los ataques de animales que lograban acercarse a la Cúpula y detener cualquier infracción, especialmente las de los adolescentes que creían que romper las normas era un juego.
Hasta ese día.
El comunicador de mi oído emitió un breve pitido.
-Sargento, hemos detectado movimiento a aproximadamente un kilómetro de su posición. Sector Cero.
Fruncí el ceño sin dejar de caminar.
-¿Animales?
-Negativo.
Mi mano se apoyó sobre la empuñadura de la pistola.
-¿Entonces qué es?
Hubo unos segundos de silencio antes de que la voz del operador volviera a escucharse.
-Probablemente un grupo de jóvenes problemáticos. Acérquese e investigue, sargento.
-Recibido.
Desenfundé el arma por precaución y avancé con pasos medidos. Conocía aquel sector como la palma de mi mano. Cada piedra, cada árbol y cada tramo de la muralla.
Si realmente eran adolescentes, intentaría detenerlos sin usar la fuerza.
Pero algo no encajaba.
Los sensores rara vez se equivocaban.
Y, por alguna razón, el silencio de aquel lugar me parecía demasiado... perfecto.
Al llegar al Sector Cero, reduje el paso y recorrí la zona con la mirada.
No había nada fuera de lugar.
El viento movía las hojas de los árboles y el silencio era casi absoluto.
Bajé la vista hacia el suelo.
Había huellas.
Me agaché para examinarlas con atención. No pertenecían a ninguno de los animales registrados dentro de la Cúpula. Eran demasiado grandes, con garras profundas y una separación entre pisadas que indicaba un cuerpo pesado.
Fruncí el ceño.
Era imposible.
Conocía cada especie autorizada a vivir dentro de la Cúpula, y aquellas huellas no coincidían con ninguna.
Presioné el comunicador de mi uniforme.
-Central, encontré rastros. No corresponden a ningún animal identificado. Solicito autorización para ampliar el perímetro de búsqueda.
Mientras esperaba la respuesta, una extraña sensación recorrió mi espalda.
No era miedo.
Era la incómoda certeza de que alguien... o algo... me estaba observando.
Me volví lentamente y recorrí con la mirada la línea de árboles que rodeaba el Sector Cero.
La sensación persistía.
Alguien me observaba.
O algo.
Mi mano permaneció sobre el arma mientras inspeccionaba cada sombra, cada tronco y cada movimiento de las ramas agitadas por el viento.
Nada.
No encontré nada fuera de lo normal.
El comunicador volvió a emitir un breve chasquido.
-Ampliaremos la búsqueda mañana, sargento. Un grupo de exploradores se reunirá con usted al amanecer.
Fruncí el ceño.
Aquello era extraño.
Me encontraba a pocos metros de la zona y aún quedaban varias horas de luz artificial. Lo lógico habría sido continuar la búsqueda de inmediato.
Sin embargo, no expresé mis dudas.
Las órdenes eran órdenes.
-Entendido, Central. Regreso a mi posición.
-Bien, sargento. El general espera verlo esta noche en la cena de conmemoración. No llegue tarde.
-Recibido.
La comunicación se cortó.
Por un instante permanecí inmóvil, observando el bosque una última vez.
La sensación seguía allí.
Pesada.
Incómoda.
Como si unos ojos invisibles me siguieran desde la oscuridad.
Finalmente me di la vuelta y emprendí el camino de regreso.
Sin saber que, oculta entre los árboles, alguien esperaba a que desapareciera de su vista.
YOU ARE READING
La Cúpula
ActionSinopsis Durante más de dos siglos, los habitantes de la Cúpula han vivido convencidos de que son los últimos supervivientes de la humanidad. Más allá de sus inmensas murallas transparentes solo existe un mundo contaminado, donde la muerte espera a...
