Thomas

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Dicen que mi padre tuvo siete hijos.

Se equivocan.

Tuvo un heredero...

...y seis distracciones.

Mi nombre es Thomas de Valdoria.

Soy el primogénito del rey Edmund.

Y desde el día en que nací, el reino decidió quién sería antes de preguntarme quién quería ser.

No recuerdo haber sido niño.

Recuerdo lecciones.

Recuerdo mapas.

Recuerdo generales inclinándose frente a un príncipe que apenas alcanzaba la mesa del consejo.

Mientras mis hermanos corrían por los jardines, mi padre me obligaba a memorizar los nombres de los nobles más importantes del reino.

Mientras ellos aprendían canciones, yo aprendía cuánto costaba mantener un ejército.

Mientras ellos soñaban con el futuro...

Yo lo cargaba sobre los hombros.

Mi padre nunca me dijo que me quería.

Pero una vez, en mi décimo cumpleaños, me entregó el anillo con el sello de nuestra casa.

—Todavía no es tuyo.

Lo sostuvo frente a mis ojos.

—Pero algún día lo será. Nunca olvides lo que representa.

Lo tomé entre mis manos.

Era pesado.

Mucho más de lo que parecía.

—¿Qué representa?

Pregunté.

Mi padre me observó largo rato.

—Que un rey no tiene el lujo de equivocarse.

A los doce años presidí mi primera reunión del consejo.

No hablé.

Solo observé.

Mi padre quería que aprendiera.

Al terminar, uno de los consejeros me preguntó qué opinaba.

Respondí exactamente lo que pensaba.

—Hablan demasiado.

Todos rieron.

Mi padre no.

Esperó a que el salón quedara vacío.

—¿Sabes por qué hablan tanto?

Negué.

—Porque cada decisión afecta miles de vidas. Nunca vuelvas a creer que decidir es sencillo.

Asentí.

Pero, en el fondo, seguía creyendo que muchos problemas existían porque la gente dudaba demasiado.

Mis hermanos crecían a mi lado.

Nunca los odié.

Simplemente... nunca tuve tiempo para entenderlos.

Cedric era el único que disfrutaba entrenar tanto como yo, la diferencia era que él sonreía mientras sostenía una espada.

Yo solo pensaba en ganar.

Mishelle desaparecía durante horas.

Volvía con flores en el cabello y barro en los pies.

Mi madre decía que algún día tendría que comportarse como una princesa, ella respondía que los árboles nunca le habían pedido una reverencia.

Los siete hijos del reyStories to obsess over. Discover now