Cuando el Rey de los Sadida encuentra a una bebé recién nacida herida entre las raíces sagradas del bosque, decide darle un hogar, un nombre y una corona: Rosse.
Criada como la amada princesa del Reino Sadida junto a su hermana Amalia, Rosse ha ten...
Los jadeos de la joven se ahogaban entre las pisadas pesadas y los gritos metálicos de los soldados que le pisaban los talones. Un tropiezo en las raíces la hizo hincar la rodilla en el suelo de golpe. El impacto sacudió los brazos con los que envolvía a su pequeño, provocando que la criatura rompiera en un llanto desgarrador.
-Shhh, ya pasó, mi amor, ya pasó... Perdoname, perdoname -sollozó ella contra la manta que cubría al bebé.
Sentía las piernas de plomo y el tobillo le ardía por el esguince, pero el miedo a que los atraparan y los ejecutaran era un látigo que la obligaba a seguir. Avanzó cojeando a duras penas, arrastrando el dolor por la tierra helada de la madrugada hasta alcanzar la entrada de un antiguo templo en ruinas.
Con el pulso tembloroso y el viento nocturno calándole los huesos, forzó hasta la última gota de su energía para abrir el portal. Un destello de luz iluminó sus mejillas empapadas en lágrimas. Antes de dejar ir a su hijo, con los dedos temblando, le colocó entre las manitas un collar con una gema reluciente.
-Lo siento tanto, mi vida... Perdóname por haberte fallado... -susurró, aplastando su rostro contra el cuerpecito del bebé en un abrazo desesperado.
-¡Ahí está! ¡Atrapen a la fugitiva! -retumbó la voz de un guardia a espaldas de la ruina.
Sin tiempo para dudar, y con el corazón hecho pedazos, la joven lanzó con suavidad al bebé al otro lado del portal. Un segundo después, destruyó la entrada mística, dejando que la luz se apagara justo cuando las espadas de los soldados desenvainaban la muerte a su alrededor.
───────── ⋆⋅☆⋅⋆ ─────────
En el reino Sadida, el silencio nocturno jamás era un vacío; era un murmullo vivo, acompasado por el aliento místico del bosque.
En el Palacio Real, el Rey Sheran Sharm mantenía la mirada fija en los pergaminos sobre su escritorio. Llevaba horas intentando concentrarse en los tratados de paz con los reinos vecinos, pero su mente se rehusaba a trabajar. En sus aposentos descansaba su amada esposa junto a la pequeña Amalia. Pensar en la niña -en esa piel suave, sus finos cabellos verdes como las hojas del Árbol de la Vida y esa mirada inquieta heredada de su madre- le robaba un suspiro de ternura. La extrañaba, pero el deber real lo mantenía encadenado a la mesa.
«Un poco de aire fresco no le hará daño a nadie», se dijo a sí mismo.
Acomodó los documentos y abandonó la sala en busca de la paz del gran Árbol de la Vida. Sin embargo, antes de llegar al santuario, un sonido tenue rompió la serenidad de la noche: el llanto sofocado de un recién nacido.
Sorprendido, el monarca apresuró el paso internándose entre las sombras del bosque. Siguió el eco hasta llegar a una masa de raíces gigantescas, donde halló a la criatura abandonada sobre la tierra fría, apenas protegida por una manta gastada. Al fijarse bien, sus rasgos recordaban a los de un Sadida, tan pequeño que difícilmente superaría la primera semana de vida.
El bebé agitaba sus puños en el aire con desesperación. Al acercarse con cautela, Sheran Sharm descubrió con alarma un pequeño corte en la frente de la criatura, del cual brotaba un hilo constante de sangre. Guiado por su instinto paternal, el rey lo tomó en brazos con suma delicadeza. El bebé, sintiendo el calor protector, amortiguó sus sollozos hasta acomodarse contra su pecho.
Al limpiarle una lágrima del rostro, el rey notó algo único: unos finos destellos de hilo rosado entretejidos en su cabello.
Ahí, en la soledad del bosque, el monarca comprendió la trágica verdad. Aquel bebé estaba completamente solo en el mundo. La madrugada no tendría piedad de él si lo dejaba allí.
Sheran Sharm contempló a la criatura, que ya dormía plácidamente acunada por el latido de su corazón, y sintió cómo una convicción profunda se adueñaba de su pecho.
-A partir de hoy, tú también eres mi hija -susurró el rey con voz grave y cálida, frotando su nariz con la del pequeño retoño-. Te llamarás Rosse y crecerás con el honor de ser una princesa de este reino. Te protegeré y te amaré como si por mis venas corriera tu misma sangre.
Aquella noche fría vio nacer a una flor única: Rosse, la princesa que florecería bajo el amor incondicional de los reyes y de todo el pueblo Sadida. ───────── ⋆⋅☆⋅⋆ ─────────
¡Hola, mis queridos lectores! Aquí Soullower123. Sé que he reescrito esta historia varias veces, pero sinceramente las versiones anteriores no me convencían y sentía que les hacía perder el tiempo. ¡Pero por fin estoy de vuelta y muy emocionada con esta versión!
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Espero de corazón que les haya gustado este nuevo inicio. No olviden dejar su estrellita y, sobre todo, ¡dejar sus comentarios! Me hace inmensamente feliz leerlos. ¡Los amo a todos! 🫶🫶🫶
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.