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El sol de la tarde se colaba a través de las cortinas de la sala, dibujando rayos dorados sobre el polvo que bailaba en el aire

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El sol de la tarde se colaba a través de las cortinas de la sala, dibujando rayos dorados sobre el polvo que bailaba en el aire. Jude Bellingham estaba recostado en uno de los sofás, su cuerpo largo y musculoso ocupaba casi todo el espacio, pero su mirada, perdida en el techo, delataba una inquietud que no lograba disimular. Llevaba días así, nervioso, con una energía contenida que Jobe, su hermano menor, había empezado a notar con creciente sospecha.

Jobe entró a la sala con un vaso de agua en la mano, sus ojos de alfa observaron a su hermano con atención. Era más bajo que Jude, pero su presencia era igualmente imponente. Había heredado la misma mandíbula fuerte, la misma mirada intensa, pero en él se notaba una astucia que Jude, a veces, pasaba por alto.

-Vas a quemar el techo de tanto mirarlo -dijo Jobe, sentándose en el sillón frente a él, con una sonrisa burlona.

Jude parpadeó, enderezándose ligeramente. -No estaba mirando el techo. Estaba pensando.

-¿En qué? -preguntó Jobe, aunque ya conocía la respuesta. Había visto a su hermano hacer aquella misma mueca de concentración cada vez que el nombre de Erling Haaland surgía en la conversación.

Jude se encogió de hombros, pero su aroma -un matiz amaderado y profundo, propio de un alfa de su linaje- se intensificó por un momento, traicionándolo. -En nada importante. Cosas de entrenamiento.

-Claro -dijo Jobe, alargando la palabra con incredulidad. Bebió un sorbo de agua, estudiando a su hermano por encima del vaso. Las sospechas se habían convertido en certezas hacía semanas. Cada vez que Jobe mencionaba a Erling, Jude se ponía tenso. Sus preguntas, siempre casuales, siempre demasiado interesadas, delataban un interés que iba más allá de la simple camaradería.

-Oye, Jobe -dijo Jude, mordiéndose el labio inferior. Era un gesto que hacía cuando quería preguntar algo que le daba vergüenza. Jobe lo conocía demasiado bien-. ¿Erling... dijo algo de mí? ¿Alguna vez?

Jobe arqueó una ceja, dejando el vaso sobre la mesa. -¿Erling? ¿Mi amigo Erling? ¿Por qué preguntas?

Jude se removió en el sofá, incómodo. -No sé. Solo curiosidad. Es un buen tipo, ¿no? Es fuerte, divertido... huele bien.

El aroma de Jude se volvió más denso, con un toque de almizcle que Jobe reconoció como señal de atracción. Jobe reprimió una sonrisa de satisfacción. Había dado en el clavo.

-Erling es un omega excepcional -dijo Jobe, deliberadamente casual-. Muy equilibrado, con un aroma limpio, a bosque después de la lluvia. A muchos alfas les gusta.

Jude frunció el ceño, un gruñido bajo escapó de su garganta antes de que pudiera controlarlo. -¿A muchos alfas? ¿Quiénes?

Jobe se rió para sus adentros. La reacción de su hermano era perfecta. Jude siempre había sido el alfa controlado, el que mantenía la calma en el campo y fuera de él. Pero Erling lo desarmaba por completo.

El plan de Jobe | JBEH Stories to obsess over. Discover now