Zaragoza España.
La ceremonia en el prestigioso instituto europeo de diseño -cuyo imponente nombre es École de haute couture - estaba llegando a su clímax.
Para autorizar la graduación, las estudiantes habían tenido que presentar un proyecto exigente: cuatro looks con un estilo personal único, acompañados de sus respectivos bocetos y muestras de tela cuidadosamente selección.
Sofía Castillo Sánchez había decidido arriesgarlo todo. Su colección desbordaba una energía psicodélica y vibrante, inspirada directamente en los años 60 y en la época más creativa de The Beatles. El auditorio se iluminó con sus diseños repletos de tonos naranja eléctricos y patrones ópticos.
Al subir al estrado, la recompensa europea fue hermosa: le colocaron sobre la cabeza la tradicional corona de laurel verde.
Sofía sonreía, desbordando felicidad pura.
Abajo, entre los asientos, su familia la esperaba para felicitarla intentando mantener la armonía. Ahí estaban su madre, María del Carmen; sus hermanos, Laura y Daniel; y su padre, Francisco, a quien todos llamaban "Paco". Francisco era, sin duda, la persona que más la apoyaba en sus sueños.
Carmen: Ay, Sofía, yo te quiero mucho, hija... -comenzó Carmen, mirando la corona de reojo con un suspiro-. Pero, ¿por qué no elegiste otra carrera?
Sofia: Mamá, por favor, ya habíamos hablado de esto -respondió Sofía, intentando no perder la sonrisa-. Tú sabes perfectamente bien que el diseño es lo que me apasiona.
Carmen: Ay, pues bueno... ya qué -rezongó, restándole importancia con un gesto.
Antes de salir del instituto con rumbo a la celebración, su prima hermana, Andrea Castillo Hernández -quien también se graduaba ese día-, se le acercó balanceando su propia corona de laurel.
Andrea: ¡Felicidades, prima! -Su tono arrastraba una mezcla densa de sarcasmo y burla-. Espero que realmente te vaya bien.
Ya más tarde, en la fiesta, la tensión familiar subió de tono. Había sido idea de Ana María, la madre de Andrea, juntar los festejos de graduación de ambas primas, una propuesta que a Sofía no le había hecho ninguna gracia, pero a la que tuvo que ceder con una mueca de resignación.
En medio del evento, mientras los invitados charlaban, Andrea persiguió a Sofía hasta la mesa de las bebidas.
Andrea: Ay, prima, de verdad... tu boceto estaba rarísimo -soltó Andrea, soltando una risita falsa-. O sea, ¿naranja? ¿The Beatles? Por Dios, eso está superpasado de moda.
Sofia: Cállate, tú ni sabes nada -le cortó Sofía, sintiendo el estómago revuelto.
Andrea: Bueno, pues te deseo mucha suerte, aunque dudo mucho que puedas salir adelante o tengas éxito -continuó Andrea, cruzándose de brazos con superioridad-. Yo tengo mi taller de costura, papá me lo compró y es más que obvio que tengo mucha más experiencia que tú. Claramente te llevo la delantera. Cuando te des cuenta, yo voy a estar trabajando en Gucci o en una marca grande como Coco Chanel... y tú no tienes nada. Así que, la verdad, no creo que la hagas.
Sofía la barrió con la mirada, conteniendo las ganas de gritarle: "¡Ay, pinche vieja!". Para colmo, su tía Ana María no se quedó atrás, lanzando sus propios comentarios pasivo-agresivos cada vez que pasaba junto a ellas. Sofía sintió un vacío enorme en el pecho; se dio cuenta de que no encajaba en esa casa, ni con esa parte de la familia.
Entrada la noche, cuando la fiesta ya terminaba, Sofía se refugió en un rincón apartado de la casa. Francisco, al verla tan apagada, se le acercó en silencio y le puso una mano en el hombro.
Paco:¿Cómo te sientes, hija? -le preguntó con voz suave.
Sofia: Pues... mal, papá. Me siento de la chingada -confesó Sofía, dejando caer los hombros-. Siento que nadie me apoya aquí. Todos me dicen cosas, me echan para atrás...
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Don't Stop
General FictionSofia es una diseñadora recién graduada que vive en Zaragoza España. A pesar de sus esfuerzos y de su gran ilusión de ser una gran diseñadora su familia no la apoya Incluso le hacen comentarios pasivo agresivos, pero su padre Paco es el único que l...
