prólogo

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Silencio

Era lo que había en la densa biblioteca, pero no era una simple biblioteca; era la gran biblioteca donde miles, más bien millones, de vidas intentaban entrar. No solo secretos; estaba toda la información, incluso caótica y capaz de alterar.

¿Acaso era una locura?

Más bien una gran locura.

-Jajajaja.

Una risa rodeó los alrededores de la biblioteca mientras aquellos que antes se mantenían en guardia o transcribiendo los textos prohibidos, una tarea gloriosa ante su amado y adorado DIOS.

Desde el techo una media luna apareció y comenzó a bajar lentamente. Múltiples globos fueron cayendo, cada uno de diferentes colores.

Desde el centro de la luna comenzó a formarse una línea que comenzó a formar una enorme sonrisa. Los globos dieron forma a unos brazos de colores, mientras que la oscuridad dio una ropa ridícula y para nada adecuada.

Todos los arrodillados de la biblioteca estaban con ropas de cuero junto a un rubí ubicado en sus cinturas; cada uno de los rubíes era un regalo de aquel que sonríe y engaña.

La ahora silueta miró el panorama; sus ojos de múltiples colores estaban entre la alegría y la nostalgia.

-Aaaah, qué recuerdos de nuestro antiguo imperio... Qué triste, triste final, de verdad no me gustó ese día, qué terrible, mis queridos seguidores.

Él fingió caerse torpemente, pero sin ninguna respuesta de sus fieles era más que suficiente.

Después de todo, ellos sobrevivieron a la catástrofe que no solo devoró a los héroes de antaño, sino a los dioses.

Y solo estaba él y, claro, algunos vestigios o algunos dioses atrapados en profundos bosques verdosos.

Su rostro frunció una mueca de disgusto. El teatro de enmascarados; dos suspiraron de sorpresa; no era por el claro ambiente tenso, sino que la mueca, él jamás se rio.

Cómo el Dios del engaño y la risa deja de reír, eso era algo que nadie vería a menos que algo le disfrutara de verdad.

-Perdón... Lleguemos al punto de nuestro nuevo teatro. Escuchen y ahora observen: venga, vengan y júntense enfrente de su Dios.

Cada enmascarado y enmascarada se acercó; sus siluetas eran delgadas, pero de una altura muy alta, 2,10 metros, pero la ropa de cuero parecía que era fácil matarlos, asesinarlos, pero eso solo era un engaño.

Ante la luz del cristal que reflejaba delgados, finos hilos como telaraña, el cuerpo deslumbró un aura transparente pero invisible.

El don psíquico de sus fieles arlequines, más que gustoso, que lo hizo sonreír ante su alegría, se sentía orgulloso. Si le pondrían de apodo "Dios payaso", sería más que merecido.

-justo ahora, mientras meditaba e intentaba pensar en una broma en ese sucio jar... din ver... de. -Le costó mencionar el nombre de ese lugar, pero aun así continuó hablando. -Pero rebuscando entre nuestra caótica galaxia, digamos que deslumbré un lugar en los confines, límites al noroeste, donde el silencio es eterno. Sentí un aura feroz, una llena de furia suprimida en una eterna y larga hibernación... Bajo mi entendimiento, en el cosmos y, claro, rebuscar en textos de la biblioteca negra es totalmente desconocido, pero... Rebuscando un poco en las feroces estrellas del noroeste, encontré esto.

De inmediato chasqueó los dedos y apareció un bloque de piedra. Era de obsidiana; se notaba aún latente el magma impregnado en el mismo, pero en la roca había algo escrito en un carmesí intenso. Era un extraño símbolo con forma de un hacha o una espada mezclada entre sí.

DOOM: GODSBREAKERStories to obsess over. Discover now