Amiry Tsukaima, de 22 años, jamás imaginó que la peor herencia que recibiría de su padre no sería un recuerdo, sino una deuda imposible de pagar. Sin familia, perseguida por prestamistas y con un futuro que parecía no existir, una extraña le ofrece...
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Dicen que las deudas nunca desaparecen.
Solo cambian de dueño.
Amiry Tsukaima lo comprendió el día en que enterró a su padre.
No heredó una casa, ni una fortuna, ni los recuerdos felices que alguna vez tuvo su familia. Lo único que quedó para ella fueron números escritos en hojas de papel, amenazas detrás de la puerta de su departamento y hombres que la esperaban cada noche para recordarle que una deuda siempre debía pagarse.
Su madre había muerto años atrás, consumida por una enfermedad que poco a poco apagó la luz de su hogar. Después de aquello, su padre se perdió entre el alcohol, las apuestas y los préstamos. Cuando ya no encontró salida, decidió terminar con su propia vida, dejando atrás a la única persona que aún lo amaba.
Amiry se quedó completamente sola.
Sin familia.
Sin dinero.
Sin un lugar seguro al que regresar.
Cada día era una lucha por sobrevivir. Dormía con miedo, caminaba mirando por encima del hombro y aprendió demasiado pronto que el hambre dolía menos que el miedo de caer en las manos equivocadas.
Cuando creyó que ya no le quedaba nada por perder, una mujer apareció frente a ella con una propuesta imposible de rechazar.
Una oportunidad de salir a delante.
Un trabajo.
Y el dinero suficiente para desaparecer todas sus deudas.
Del otro lado de la ciudad, Takumi Tsujimoto esperaba a la siguiente pieza de un plan perfectamente calculado.
Para él, no era más que otra misión.
Otra identidad falsa.
Otra mentira.
Lo que ninguno de los dos sabía era que, una vez que comenzara el engaño, ya no habría forma de distinguir dónde terminaba la actuación y dónde empezaban los sentimientos.
Porque algunas mentiras solo duran unos días.
Otras cambian una vida para siempre.
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