Capítulo 1 - Geografía humana

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- Un café con leche ¿Verdad?
- Sí, como siempre.

Olivia sirve el café, da tres golpe en la cafetera y espera un minuto con veinticinco segundos. Tanta costumbre que ya es automático.
Se va a limpiar las mesas de fuera. Aún se acuerda de su antigua compañera, de cuando se repartían el trabajo, se compartían las risas y las horas en la cafetería se hacía más rápidas.
Ahora se pregunta qué será de ella. Porque se marchó y se fue perdiendo el contacto, hasta llegar al punto de casi ni conocerse.

Vuelve a entrar en la barra.

Rellena la vitrina, la limpia, repone las cañitas... Una especie de rutina, algo que no aporta nada reciente.

Se escucha la puerta.
Era un chico nuevo.
Se había rumoreado en el barrio la llegada de este.
Y ahora estaba allí.
Olivia no le dio mucha importancia y siguió atendiendo a Juani. Cliente fija. Residente

- Cuando puedas

Olivia se acercó con la comanda y el bolígrafo.

- Voy a tomar un café solo y una tostada con aceite y jamón.
- Perfecto, en cuanto esté listo se lo traigo.
- Gracias Olivia.

Olivia se dio la vuelta y fue a la cocina para preparar la tostada.
Pensó en cómo él sabía su nombre. Pero luego recordó que su jefa había puesto en el nuevo uniforme el nombre de cada trabajador.
Le sorprendió porque a pesar de eso, casi ningún cliente le llamaba por su nombre.

Gesto pequeño, pero lo suficiente grande para  tenerlo en cuenta.

Como si no pudiese desconectar ni un segundo, la tostadora pitó. El pan estaba quemado.
Y tuvo que empezar otra vez, esta vez sin viajar a sus pensamientos.
Solo atendiendo a una sola cosa.

Ahora sí, estaba listo. Cuando ya tenía el desayuno completo lo llevo a su mesa.

- Muchas gracias. Por cierto soy Gabriel.
- Bienvenido Gabriel, he oído algo de ti. Eres la novedad en la zona ¿Qué haces por aquí?
- Pues a veces siento la necesidad de huir de la rutina y desaparecer. Pero la verdadera razón es que estoy escribiendo mi tercera novela y necesitaba descubrir nuevo mundo y costumbres para inspirarme.
- Más interesante de lo que me esperaba. ¿Cuánto tiempo crees que es el necesario para conocer un nuevo sitio?
- Cuando me llene de conocimientos sabré que es hora de marchar. Supongo que unos meses.
¿ Y tú a qué te dedicas?
- Además de poner desayunos y limpiar mesas, pues a dibujar.
- ¿Cómo así dibujar? ¿Hobbie?
- No, estoy estudiando Bellas Artes.
- Ah sí, pues ya no soy el único interesante en este sitio ¿No te parece?
- Si tú lo piensas.
- ¿Tú no?
- A veces.
- ¿Y está muy lejos la universidad donde estudias?
- Justo en el centro. En la segunda glorieta a la derecha, en la primera avenida.
-  ¡Qué me memoria!
- No, no es memoria. Es costumbre y rutina.
- Muerte lenta, diría yo.
- ¡Tan literario! Bueno creo que es hora de seguir haciendo café. Qué aproveche Cervantes.
- Adiós Frida Kahlo, un gusto.

Olivia siguió con sus tareas, pero esta vez con un tono y ritmo diferente. Había algo raro y ni ella sabía qué.

Gabriel se comió su tostada y por último se tomó su café. Le gustaba el gustillo que se le quedaba en su aliento después de tomarlo.

Él marchó, sabiendo que mañana volvería.
Ella vio como se marchaba sin saber si lo volvería a ver.

Olivia ordenó y dejó todo preparado para la siguiente mañana. Cerró la cafetería.
Y se fue a su casa.

Los turistas siempre creen que volverán. Los países nunca lo saben.

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