II

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Otra vez aquí, tomé aire antes de empujar las puertas de cristal. El olor a desinfectante y café me envolvió cuando di un paso dentro. A mí izquierda una chica de pelo rosa estaba sentada en las sillas de espera ¿No era la misma de ayer?
Entré a recepción y fiché mi turno, dentro había un hombre de pelo azul que me recorrió con la mirada antes de regalarme una sonrisa.

-¿Eres el Interno? -Asentí y tomé la mano que me extendió como saludo- Encantado, supongo que ayer conociste a Matt, es el otro secretario. Tú puedes llamarme Oliver.

-Un placer, Oliver.

-¿Ya sabes cómo van las cosas aquí?

-Más o menos.

-Genial, porque hoy hay mucho trabajo, cualqueir cosa estoy aquí.

Se marchó ha atender a un paciente en una de las ventanillas, yo hice lo mismo.

-Buenas noches ¿Me puede facilitar su información y cita?

Realicé el mismo proceso que ayer con todos los pacientes que atendía.
Un hombre felino entró arrastrando los pies hasta detenerse frente al cristal.

-Señor, la ventanilla está aquí -Lo llamé para que se acercara y poder asistirlo.

Este pareció no escucharme y comenzó a golpear su cabeza contra el cristal con una fuerza de la que estaba seguro que le haría daño.

-¿Señor?

El secretario apartó la mirada de los papeles que estaba registrando en el ordenador y analizó la situación con una calma anormal.

-Dale un café.

-¿Qué? Se está golpeando la cabeza contra el cristal, no creo que la cafeína sea la solución. Un tranquilizante funcionaría mejor.

-Hazme caso y dale un café.

Resignado a obedecer a mi superior rellené una de las tazas vacías de la mesa con el líquido marrón. Salí del cuarto y avancé hasta estar a unos metros de seguridad del felino.

-Señor -Lo llamé sin tener efecto- Señor -Toqué con un dedo su hombro.

Su cabeza giró de golpe y casi dejé caer la taza al suelo cuando sus ojos negros y vacíos de vida se fijaron en mi y luego en el café en mis manos. Lo extendí y me lo arrebato de las manos para salir de allí arrastrando los pies.

-Lo ves, no fue tan difícil --Comentó Oliver cuando volví a entrar a recepción.

-Ese... No era normal -La sensación de opresión del otro día volvió a instalarse en mi cuerpo.

-Ya, pensaba que ya sabías de las anomalías.

Para mí consternación no fue la única que me crucé durante el turno. Una mujer que seguía con la mirada la camara, un hombre con la sonrisa más aterradora que había visto en mi vida, un chico que ante los videos de seguridad se estiraba de forma anormal, entre muchas otras cosas que preferiría borrar de mi memoria.

-¿Me cubres un momento? -Preguntó en algún punto de la noche el secretario.

Eso había sido hacía 5 minutos y todavía no había vuelto. Lo que en un principio había sido un trabajo calmado se convirtió en un agobio de revisar papeles, cámaras, fotos e imprimir tarjetas de pase. En algún momento dejé de prestarle atención a las cámaras para avanzar con mayor rapidez ya que se empezaba a formar una cola de animales impacientes por ser atendidos. Este fue mi segundo error y un peculiar hombre se aseguró de que me enterase.

-¿Ibas a dejarlo pasar? -Me preguntó tras haberle dado con el taser a un visitante- ¿Has visto como se movía? -Se asomó por el cristal para ver el interior de la habitación- Así que estás solo ¿Podrías dejar de enviar infectados? Tenemos buena seguridad pero tampoco nos gusta tentar a la suerte.

Anomalía {Hospital de Animales}Stories to obsess over. Discover now