Tras 6 años vaciando las cafeteras de la facultad, memorizando apuntes interminables con ideas claves subrayadas en colores llamativos que se me olvidaban en el momento menos oportuno y junto a los trabajos compartidos con personas de dudosas capacidades intelectuales. Lo he conseguido, el último año de medicina acaba de llegar, en cuanto finalice esto ya podré tener mi título y empezar a trabajar en lo que tanto me he esforzado por conseguir todo este tiempo. Pero aún queda una última prueba, las prácticas. Una cosa era memorizar diapositivas y responder a preguntas enrevesadas en papel, otra era aplicar todo ese conocimiento en la vida real.
Mentiría si dijera que no estaba nervioso cuando me paré frente a la fachada del hospital que se iluminaba con un cartel fosforito para ser fácilmente reconocible. La idea de que tuviera que trabajar en el turno de noche no era algo que me molestará en sí, siempre he sido una persona nocturna, pero este lugar se veía especialmente inquietante a estas horas.
Un movimiento en una de las ventanas del piso super llamó mi atención, la cortina todavía se balanceaba como si alguien la acabara de cerrar. Traté de ignorar el sentimiento de incomodidad y empujé la puerta de cristal, el aire acondicionado me golpeó primero. Las luces brillantes me cegaron brevemente, luego mis ojos recorrieron el ambiente tranquilo que se respiraba entre las paredes blancas. En una de las sillas de espera de recepción había una chica de pelo rosa, felina, si tuviera que apostar por sus orejas caídas en aburrimiento.
Se acercó una mujer de cabello blanco y orejas motadas, leoparda, deduje.
-¿Tiene cita? Sino tendrá que esperar a que tengamos un hueco para atenderle, salvo que sea una urgencia -Su voz monótona denotaba muchas horas de trabajo mal pagadas- Pero como estás de pie con todas las extremidades del cuerpo, sin charcos de sangre y consciente, lo tomaré como que no es una urgencia.
-Eh, no, no. No estoy aquí para una cita -Sus ojos se apartaron de los papeles que revisaba desde que me había dirigido la palabra- Yo soy el nuevo, vengo por las prácticas.
-Ah, el interno -Su expresión se mantuvo igual de impasible que su tono- Yo soy la jefa de enfermería.
-Es un placer, mi nombre es...
-El secretario del mostrador te enseñará las instalaciones, tengo trabajo que hacer -Me cortó antes de dejarme terminar de presentarme y desapareció por el mismo pasillo por el que había entrado.
Reprimí la mueca de fastidio en mi cara y caminé hasta la recepción, ambas ventanillas estaban ocupadas por pacientes así que opte por entrar directamente por la puerta. Creo que ese fue mi primer error en todo el día.
-¿Y ahora qué? ¡Esto es un hospital! Os creéis todos que podéis venir con prisas y hacer lo que queráis -Los gritos llegaron antes de que pudiera registrar los rizos morados del hombre que gesticulaba en exceso delante mía- Veis una puerta y decís, "oh voy a entrar, que gran idea que he tenido" ¿Qué demonios haces aquí?
-Soy el interno -Murmuré cuando las réplicas cesaron.
-¿Interno? Genial, otro niño al que enseñar, como si no tuviera suficiente trabajo que hacer
¿Este hombre no estaba contento con nada?¿Así me iba a volver yo en unos años si trabajaba en un hospital? Antes de poder arrepentirme de todas las decisiones que había tomado para llegar a este momento, la voz dulce de una mujer irrumpió detras mia.
-No le hables así al nuevo -Regañó la mujer pelirroja- No te lo tomes personal, el café le altera los nervios -Me dijo ahora a mí.
-Si fuera solo el café -Masculló el hombre ganándose una mala mirada de la mujer.
-Soy la enferma, cualqueir duda que tengas dentro de las habitaciones estaré ahí. Para recepción no te quedará de otra que preguntarle a la oveja rabiosa.
ESTÁS LEYENDO
Anomalía {Hospital de Animales}
FanfictionÚltimo año de carrera de medicina, su última prueba, las prácticas en el hospital. Una cosa que podría resultar sencilla, sin embargo, este hospital no era normal y el trabajo iba a ser mucho menos que sencillo. ¿Conseguirá afrontar el interno estos...
