Capitulo 1: Vidas pasadas

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Como cada tarde, salí de la panadería con el uniforme todavía impregnado del cálido aroma a pan recién horneado. El cansancio pesaba sobre mis hombros después de otra jornada interminable entre hornos, bandejas y clientes impacientes.

El aire fresco de la calle acarició mi rostro mientras caminaba hacia casa. Era finales de otoño y el sol comenzaba a esconderse tras los edificios, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violáceos.

Cuando llegué, introduje la llave en la cerradura.

Giré lentamente el pomo y empujé la puerta.

El inconfundible olor a comida casera me recibió al instante.

Entré, cerré la puerta a mi espalda y dejé caer las llaves sobre el pequeño mueble de la entrada.

El sonido metálico rebotó por toda la estancia, rompiendo el silencio de la casa antes de extinguirse poco a poco entre las paredes.

—¡Holaaa!

Mi voz recorrió el pasillo.

Unos segundos después apareció mi madre desde la cocina, todavía con el delantal puesto y una cuchara de madera entre las manos.

—Hola, Irina. ¿Qué tal tu día?

Solté un largo suspiro mientras me quitaba la chaqueta.

—Bien, mamá... Como siempre.

Ella me observó durante un instante. Me conocía demasiado bien para creer esa respuesta.

—Acuérdate de que tienes la psicóloga a las cuatro.

Contuve una mueca.

«¿Cómo iba a olvidarlo? Llevaba cinco años entrando en aquella misma consulta. Cinco años escuchando las mismas preguntas, describiendo las mismas pesadillas y saliendo exactamente igual que había entrado.»

Cinco años.

Desde que cumplí los quince.

Cinco años intentando convencer a todo el mundo de que aquellas personas que veía en sueños no existían.

Y cinco años sin conseguir convencerme a mí misma.

—¿Has dicho algo, cariño?

Parpadeé y volví al presente.

—Nada, mamá. No te preocupes. No se me olvida.

Ella sonrió con ternura.

—Vale, cielo.

Subí despacio las escaleras de madera.

Cada peldaño crujía bajo mis pies con ese sonido familiar que llevaba escuchando desde niña.

Mi habitación era el único lugar donde podía respirar.

Mi refugio.

Mi pequeño universo.

Las paredes estaban cubiertas de dibujos y retratos hechos por mí. Rostros de personas cuyos nombres desconocía... o eso intentaba creer. Paisajes imposibles. Ciudades que no aparecían en ningún mapa. Espadas, alas, símbolos antiguos y unos ojos azules que siempre parecían observarme desde el papel.

A veces me quedaba horas contemplándolos.

Intentando recordar de dónde habían salido.

Porque no podía haber inventado tantos detalles.

Todo parecía demasiado real.

Desde la muerte de papá, aquellas visiones solo habían ido a peor.

Dormía cada vez menos.

La Calma despues de la tormentasStories to obsess over. Discover now