Cuando te conocí

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En el palacio de la familia Al-Asim, el brillo y el lujo nunca faltaba, pero la verdadera compañía y las conexiones reales, sí.

Kalim Al-Asim, como el heredero, estaba rodeado de riquezas a montón. Se encontraba sentado en el suelo, inflando las mejillas en un puchero. Juguetes habían por montón, también tenía personas que lo acompañaban, sin embargo, ninguno realmente estaba con él.

Sus ojos rubí observaban a los sirvientes que pululaban a su alrededor. Sonrisas falsas, voces melosas, promesas vacías. Kalim había aprendido a leerlas como si fueran libros abiertos.

"Qué lindo es el joven amo..."

"Si logro que me quiera, tal vez me dé algo..."

"Solo hay que mantenerlo contento y obtendré mi recompensa..."

Sus pequeños dedos se aferraron al borde de su túnica. No era tonto. Sabía que esos "cuidadores" solo querían su fortuna, su posición, su poder. Había visto cómo miraban los tesoros de su familia, cómo susurraban planes a escondidas.

Por eso siempre estaba solo. Porque prefería la soledad antes que compañía falsa.

La última niñera que intentó "ganarse su cariño" terminó siendo descubierta robando joyas de la alcoba de su madre. Kalim había "accidentalmente" mencionado frente a su padre que la había visto salir con algo brillante en las manos.

Esa era prácticamente su rutina, tenía un nuevo sirviente o niñera, se "divertía" con el/ella un rato y luego lo desechaba, después de todo ellos no buscaban su cariño y sabían que algo malo les pasará era una posibilidad.

Incluso a veces intentaba ver cuanto aguantaban sus cuidadores antes de ser despedidos o que ellos escapen de el.

Con el tiempo, Kalim desarrolló su propio método para tratar con los cuidadores. Un juego que disfrutaba tanto como odiaba.

Primera etapa: La Observación.

Cuando un nuevo cuidador llegaba, Kalim se volvía un observador silencioso. Estudiaba cada movimiento, cada mirada, cada palabra. Notaba hacia dónde se desviaban sus ojos, qué objetos tocaban con demasiada frecuencia, qué preguntas hacían sobre la familia.

Segunda etapa: La Trampa.

Kalim diseñaba cuidadosamente situaciones que probaran su codicia. Dejaba objetos de valor "olvidados", mencionaba "accidentalmente" la ubicación de las joyas de su madre, compartía información falsa sobre la fortuna familiar.

Tercera etapa: La Caída.

Cuando el cuidador caía en la trampa, Kalim actuaba. Podía ser un grito que alertaba a los guardias, una palabra susurrada a sus padres, o una jugada más elaborada, como "descubrir" el objeto robado en su habitación.

Cuarta etapa: La Diversión.

Esta era la parte que Kalim disfrutaba más. Ver cómo sus cuidadores se retorcían, cómo intentaban negarlo, cómo sus máscaras caían y mostraban su verdadera naturaleza.

- ¡Pero yo no tomé nada! - gritaba uno.

- ¡Es una confabulación! - protestaba otro.

- ¡El niño miente! - acusaba el siguiente.

Y Kalim solo sonreía, con sus grandes ojos rubí llenos de lágrimas falsas, mientras ellos eran arrastrados fuera del palacio.

Hasta que a su vida llegó alguien que iluminó su vida. Esa persona era Jamil Viper, era el hijo de una familia que ha servido a la suya por generaciones.

Todavía recordaba el día en el que se conocieron.

Mama de Kalim - Mi sol, necesitas estar acompañado. No puedes estar solo todo el tiempo - dijo mientras le acariciaba el cabello al menor - Es muy peligroso.

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