Una misión aparentemente sencilla llevó a Giyuu Tomioka a un pequeño pueblo, donde un inesperado encuentro terminaría dejando en sus manos una pintura que jamás creyó importante.
Un antiguo rollo de papel, unas cicatrices que le resultaban demasiado...
Desde la muerte de Tsutako, la paz se convirtió en un recuerdo lejano. Entonces apareció Sabito. Con una sonrisa imposible de ignorar y una determinación que parecía no agotarse jamás, logró devolverme aquello que creía perdido: la esperanza.
El graznido de los cuervos resonó sobre el patio antes de que los pilares comenzaran a llegar uno tras otro. Las hojas de los árboles se mecían lentamente bajo un viento tibio, llenando el ambiente con un murmullo constante. Era otra reunión semestral.
Giyuu como en cada reunión, permaneció en silencio, no esperaba que aquella reunión fuera diferente a las anteriores.
Cada pisada en el suelo de piedras anunciaba la llegada de cada pilar. Entre conversaciones el silencio en el jardín de la mansión se desvanecía.
Las carcajadas de Rengoku ocultaban el sonido de las hojas en los árboles detrás de él.
Cada pilar aportaba sonido a la silenciosa espera.
Una impuesta corrediza y unos pequeños pasos detuvieron las conversaciones. Los pilares hicieron reverencia en forma de respeto a su líder, incluido Giyuu.
—El patrón ha llegado. —sus voces que se mezclaban entre sí, ayudando a su padre las niñas le indicaron a donde dirigirse.
Él tan etéreo, dirigiendo su cabeza hacia el cielo y respirando el aire cálido que hacia esa mañana.
—El clima es tan cálido, tan fresco, un día tan hermoso como ver las mismas caras una vez más. — La calidez en su voz, es tan agradable que te hace sentir calma en tu ser. Los cuervos volando, el agua corriendo y las hojas sonando hacían juego con la persona.
—Me llena de alegría ver como goza de buena salud, mi señor. Rezaré a Buda por ella. —moviendo su nenju entre sus palmas, Gyomei le deseaba buena salud. Con una pequeña sonrisa Kagaya se sentó sobre un cojín que sus hijas habían dejado sobre la madera. —Gracias Gyomei. Me gustaría empezar la reunión para no retenerlos hijos míos. —siguiendo la sugerencia cada pilar recobró su postura y dirigiendo su atención al hombre inició la reunión.
La calmada voz del patrón llenaba cada rincón de la habitación, su voz era acompañada con el sonido del viento.
Giyuu observaba a quien estaba hablando, pero su atención volvía cada vez a quien tenía enfrente: Shinazugawa, sus cejas tan claras que parecían casi inexistentes, bajó su mirada hacía sus pestañas largas y blancas como la nieve, le molestaba, le parecía extraño ver con atención estos detalles, ver sus cicatrices que, aunque tenía su uniforme verdoso abierto sobre el pecho, algunas de ellas estaban escondidas, parecían hilos que se unían debajo de las mangas.
Algo que siempre pasaba desapercibido, ahora lo veía con tanta atención.
La reunión fue larga e intensa, tanto que llegó el atardecer e hizo que Giyuu se olvidara de la extraña atención que tenía por momentos por el físico de Shinazugawa.
Ahora tenía que dirigirse a una misión, observó como bajaba el sol junto a sus colores y como la luna subía poco a poco hasta que la oscuridad se apoderó del cielo.
Decidió volver a su finca y hacer su viaje en el amanecer.
El olor fresco del viento y la temperatura tan fría del amanecer acompañó a Giyuu en su viaje hacia el pueblo el cual era pequeño, con un gran río por el cual las casas y el camino estaban divididas. Giyuu se adentró en el en busca de un lugar donde quedarse y esperar el atardecer, ya que los demonios solo saldrían al anochecer.
Ops! Esta imagem não segue nossas diretrizes de conteúdo. Para continuar a publicação, tente removê-la ou carregar outra.
__________________________________
• Hola, soy la autora, pueden decirme Ubi y este es mi primer fanfic serio y que estoy tratando de que este muy bien escrito, deseo de corazón que me apoyen y me acompañen en esta idea de fanfic que aunque será lento y un poco sad (ni tanto 🙂↕️) se que será lindo y espero les guste. Gracias de antemano 💘.