Yelena y Alexei.

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Para los informes que en algún momento se realizarán, quedará por escrito que lo único que se sabe del intrincado viaje de los Thunderbolts es que todo inició, por decirlo de alguna manera, cuando Robert Reynolds —prefiriendo él mismo ser llamado “Bob”— apareció vagando por la carretera, camino a Georgia junto a su novio.

Así que, ¿por qué no iniciar desde el principio? Algo así. El tiempo y la forma de medirlo durante y después de un apocalipsis zombie siempre son complicados.

Yelena Belova no se preguntó sobre ello por demasiado tiempo cuando su atención se fue por el tipo con pijama de hospital que parecía tan perdido como ningún ser todavía vivo.

Siendo sinceros, Yelena estaba sorprendida de que en tiempos como aquellos alguien pudiera seguir caminando como si nada por ahí sin recursos de ningún tipo. 

Fue la curiosidad lo que la llevó a pedirle a Alexei Shostakov, su padre adoptivo, que se detuvieran para mirar un poco. Como siempre, Alexei protestó, pero fue el más emocionado cuando se dio cuenta de que Bob llevaba una cuerda atada a la muñeca conectada directamente a un uniformado de OXE.

Yelena esperó, esperó y siguió esperando a una distancia prudente. Claro, ella podría deshacerse de un oficial de OXE y un civil desorientado sin ningún problema, estaba entrenada para algo, pero ver a esos dos extraños, aun a la distancia, como dos idiotas fue sumamente desconcertante.

¿Quién va por ahí sin armas en pleno día? ¿Sin mochilas? Ni siquiera tenían transporte. Era prácticamente un milagro que estuvieran vivos.

Yelena miró con desconfianza cómo el que iba a la delantera, vestido con su ridícula pijama de hospital azul, aceleraba el paso al notar que el horrible automóvil rojo de Alexei se quedó estático sobre el asfalto.

El hombre en un determinado momento tuvo que tirar de la correa en su muñeca, pues al parecer el compañero al que estaba conectado estaba herido o algo así, supuso Yelena, porque el tipo del traje táctico no hacía más que arrastrar los pies.

Para ese momento, Yelena ya esperaba de pie, frente al capó del automóvil. De cualquier manera, si es que los tipos estaban bien, podría sacarles provecho de alguna manera, aunque fuera solo información; OXE y sus datos eran de importancia para la resistencia liderada por la viuda de Stark, al menos en su área. 

“Bob” por fin los alcanzó en un momento. Y “Bob”, ¿por qué su nombre sonaba tan gracioso? Da igual, Bob sonrió nerviosamente saludando, agitando los brazos para demostrar que no era ningún enemigo. Claro, porque Yelena le apuntó a la cabeza con su Glock; por muy ridículo que se viera Bob, Yelena no iba a arriesgarse, ni a ella, ni a Alexei, tampoco a sus escasas reservas. Bueno, tal vez un poquito, por la experiencia.

Bob siguió repitiendo su nombre. Alexei parecía encantado con el hombre. Bueno, hasta que el compañero de Bob intentó morder a Yelena.

Muy, muy gracioso.

El del traje táctico falló por pura suerte, en realidad. 

Yelena se sorprendió bastante; después de todo, los no muertos suelen ser mucho más lentos en su ataque. Además, ¿qué demonios?

Ella intentó disparar en un rápido movimiento. Curiosamente, el no muerto movió el cuello justo a tiempo para esquivar.

Alexei intentó abalanzarse sobre ellos en cuanto vio que Bob y su acompañante eran peligrosos.

Bob tuvo que levantar los brazos, gritar y abrirle la boca a su compañero, quitándole el casco en un movimiento peligroso.

Yelena todavía lo tenía en la mira, pero maldita sea su curiosidad, esperó a ver cómo se revelaba la cabellera rubia de un hombre, un infectado que gemía guturalmente en un intento de liberarse del férreo agarre de Bob para llegar hasta su próxima comida, que curiosamente podría ser Yelena, para la consternación y vergüenza de Bob.

El novio zombie de BobStories to obsess over. Discover now