Atualizamos nossas Diretrizes de Conteúdo.
Consulte as diretrizes mais recentes para continuar compartilhando histórias com segurança.

Capítulo 1. Las deudas se pagan

39 4 1
                                        

Las paredes del orfanato habían estado cubiertas por el mismo moho durante los diez años que viví ahí. Después vinieron los cuartos de vecindad baratos, las cocinas infestadas de cucarachas, los trabajos mal pagados y los hombres que aprendían demasiado rápido que una chica sin familia era una presa sencilla.

Por eso me adapté a caminar siempre con los hombros tensos.

El miedo no desaparecía, solo me volví experta en esconderlo.

Aquella noche la lluvia golpeaba el ventanal ancho del restaurante italiano donde llevaba casi dos años trabajando. Era un lugar pequeño, elegante para algunos, mediocre para quienes de verdad tenían dinero. Para mí, era nada más un empleo que pagaba la renta de un departamento donde apenas cabía una cama y una modesta cocina.

Recogí la última copa de vino mientras los clientes abandonaban el local.

—¿Puedes quedarte un poco más? —me preguntó Marco, el encargado.

Le asintí.

No porque quisiera, sino porque decir que no casi nunca era una opción.

Mientras limpiaba la última mesa escuché voces provenientes de la oficina.

No era extraño, a Marco le gustaba hablar con voz alta, lo extraño era el tono.

—¡Dame una semana más!

—Ya te di tres —dijo una voz grave y tajante.

Luego hubo un silencio.

Me propuse ignorarlo, quería llegar a dormir, pero algo cayó al suelo.

Seguí limpiando sin dejar de ver hacia la ventana de la oficina.

Había aprendido que la curiosidad podía costar muy cara, por eso me esforzaba en ser discreta.

Terminé de colocar los manteles lavados cuando Marco apareció con el rostro empapado de sudor.

Parecía haber envejecido diez años en pocos minutos.

—Leah...

Levanté la vista.

Nunca me había gustado la forma en que aquel hombre pronunciaba mi nombre: como si cada sílaba llevara una insinuación que no estaba dispuesta a aceptar.

—Necesito que vengas conmigo.

—Ya terminé mi turno —quise zafarme.

—Necesito que vengas conmigo, será rápido —inisitió, un poco más persuasivo.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

Podía correr. La puerta principal no tenía candado. Pero algo en la expresión de Marco me decía que ya era demasiado tarde.

Lo seguí de mala gana hasta la oficina.

Dentro descubrí que había tres hombres vestidos completamente de negro.

Ninguno me miró ni me saludó. Eso fue lo que más miedo me dio.

Los hombres peligrosos no necesitaban demostrar que lo eran.

Uno de ellos cerró la puerta.

Otro permaneció inmóvil y recto junto a la ventana.

El tercero me observó como quien evalúa una mercancía recién llegada.

—¿Es ella? —preguntó el que cerró la puerta.

Marco tragó saliva, lo pude escuchar.

—Sí —apenas respondió. Y el sudor volvió a recorrerle la espalda.

Você leu todos os capítulos publicados.

⏰ Última atualização: Jul 27 ⏰

Adicione esta história à sua Biblioteca e seja notificado quando novos capítulos chegarem!

Bajo su PecadoHistórias para pegar e não largar. Descubra agora