Único

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Había pasado exactamente un año desde que todo terminó en ese cuarto de hotel sombrío y de poca monta. Sunghoon lo recordaba muy bien, las manos grandes de Jay tomándolo por la cintura rogándole qué no se fuera, que se mantuvieran juntos a pesar de los problemas. Pero el más pálido no podía. No podía mantenerse a su lado porque resultaba tan peligroso como excitante.

Jay no era un chico con piel color canela cubierta de tatuajes y cuerpo esculpido por Dioses cualquiera. A sus veinticinco años ya era parte de un grupo de matones, teniendo incluso jóvenes a su cargo. Cuando comenzaron a frecuentarse, Sunghoon era un simple chico de 18 años que quería probar la adrenalina de los encuentros furtivos y las armas en la mesa de luz, a pesar de que Jay, de 21 años en ese momento, se lo advirtió.

Sunghoon no contó con que la vida de un matón no mejoraba, sino que empeoraba con el pasar del tiempo, y el secreto de sus encuentros comenzaba a pesar mas de lo que se disfrutaba, aunque quisiera hacer oídos sordos. Fue por eso mismo que decidió terminarlo todo, porque Sunghoon no podía estar tranquilo pensando que Jay en cualquier momento podía morir, y el moreno no podía vivir pensando en la culpa que le daría si algo le pasaba al menor. Se amaban aunque no lo admitieran puertas afuera.

Un año pasó, sin embargo, luego de que el mas pálido dejó al moreno con el corazón en las manos y la rabia creciendo en su interior por su estilo de vida. Lo había bloqueado de todos lados y se aseguró de no ir por las esquinas donde sabía que sus lacayos podían encontrarlo. Se alejó de esa vida, aunque cada día pensaba en lo mucho que lo extrañaba y deseaba ese contacto que le generaba tal fuego en el cuerpo.

Sunghoon había retomado su vida, había comenzado a salir con una muchacha de su edad por mandato de sus padres y estudiaba una buena carrera en la Universidad de Seúl, la vida que cualquier joven coreano desearía. Cualquier joven que no experimentó antes el peligro y el éxtasis.

Era la noche de un viernes cuando Minji, su novia, le envió un mensaje prometedor. "Sorin me invitó a una fiesta en Gangnam esta noche, ¿vamos?" Tecleó un rápido "Sí" y comenzó a alistarse. Unos Jeans color negro y una camisa blanca qué generaba cierta transparencia fue lo que se colocó junto al perfume que siempre le recordaba a sus noches de pasión antes de salir con las llaves de su auto para pasar a buscar a su novia.

- Hola, amor. - dijo con una sonrisa mientras depositaba un beso en la mejilla de la chica.

- Hola, gordo. - Minji sonrió también. - ¿Podemos pasar a buscar a Sorin, por favor?

- Claro, cielo, decime la dirección. - la pelinegra se la indicó con gusto y recogieron a su amiga que ahora tenía el pelo color rubio para luego dirigirse al bar mas codiciado de Gangnam por su poca disponibilidad de VIP's

Ingresaron al lugar oscuro, donde luego se encontraron a los demás del grupo. Heeseung abrazaba por los hombros a su novio Sunoo, mientras que Riki y Jake pedían cervezas en la barra. Todos eran personas que venían de buenas familias, pero que nunca pueden decir que no a una buena noche.

- ¡Hermano, viniste! - Riki se percató de su presencia y se acercó con un chop de cerveza en la mano que le extendió a Sunghoon

- Sí, Minji me dijo que vendríamos aquí y no podía negarme. - le guiño un ojo y le sonrió. - Hola, Jae.

- Sunghoon. - Jake le sonrió y lo abrazó por los hombros. - Hoy estamos de suerte porque Hee vino con ganas de invitar un par de tragos.

- ¿Y eso por qué? - ahora se dirigió al mayor del grupo.

- Porque tengo ciertos contactos aquí dentro, y me lo puedo permitir. - Hee sonrió seductoramente mientras depositaba un beso en la mejilla de su novio. - Mañana mi papá me va a presentar a la empresa como el próximo heredero ya que mi hermano decidió estudiar medicina, así que es motivo para celebrar.

444 - JAYHOONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora