El amor, en su forma más pura, jamás debería sentirse como una condena.
A noventa mil voces gritando tu nombre en un estadio abarrotado no les importa lo que ocurre cuando se apagan las luces. Para el mundo, Jude Bellingham y Erling Haaland son titanes del fútbol moderno: dos nombres grabados en oro, dos figuras pulidas por marcas millonarias y rodeadas por el estruendo incesante de la prensa internacional.
Pero en la penumbra de un departamento en Madrid, lejos de las cámaras y del césped impecable, el silencio pesa más que la gloria.
Jude contempla sus propias manos temblorosas frente al espejo del baño. Sobre su piel morena descansa la marca rojiza y marcada de cinco dedos; no es una herida nacida del odio, sino el rastro impreso de una devoción implacable. La huella de alguien que preferiría romperte los huesos antes que permitirte dar un solo paso fuera de su alcance.
Al otro lado de la puerta, los pasos pesados y lentos de Erling retumban sobre la duela. No hay prisa en su andar. Sabe que Jude no tiene a dónde ir. Sabe que las cerraduras de la casa son solo un adorno inútil cuando la verdadera jaula la construyeron ellos mismos.
Jude recuerda la textura helada de aquel objeto de plástico barato en la tienda de antigüedades. Recuerda el chasquido seco al romper la pieza central y la voz suplicante con la que pronunció esas palabras en la soledad de su sala. Creyó que estaba curando un corazón roto. Creyó que estaba recuperando al amigo, al compañero, al hombre que amaba en secreto desde los días dorados en Alemania.
Qué equivocado estaba.
El deseo no creó un sentimiento desde cero. Solo le quitó el bozal a la fijación posesiva que Erling llevaba años ahogando en silencio, desatando una tormenta de celos, control y violencia contenida de la que ya no existe retorno.
Un golpe suave pero firme retumba en la madera.
-Jude... -la voz de Erling atraviesa la puerta, grave, pausada, desprovista de cualquier sombra de duda-. Abre. Sabes que no me gusta que te escondas de mí.
Jude cierra los ojos, sostiene el aire en sus pulmones y apoya los dedos sobre el cerrojo. Consiguió exactamente lo que pidió. Tiene al amor de su vida entregado por completo. Pero mientras gira la perilla, comprende la lección más sangrienta de todas:
Hay deseos que no te conceden un cuento de hadas; solo te construyen una tumba hermosa y te encierran dentro.
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BINABASA MO ANG
OBSESIÓN
FanfictionUn malentendido y el distanciamiento terminaron de romper lo que Jude Bellingham y Erling Haaland tenían. Consumido por el dolor y la frialdad con la que el noruego lo trata tras el Mundial, Jude comete la locura de comprar un extraño objeto esotér...
