Registro 1: La luz en el cerro

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Después de prepararme café solía subir a la azotea. Recuerdo que era un día viernes. Había sido una semana pesada. Pero el viento de la noche, el silencio y la vista era algo que me calmaba. Eso y un buen café.

La neblina estaba cubriendo las faldas del cerro más cercano. Ese que siempre miraba.

De pronto, en medio del cerro, vi una luz. No me pareció que era una hoguera o un foco de una casa a lo lejos. Se me hizo más como una estrella. ¡Sí! De hecho era igualita a una estrella, solo que en medio de la vegetación. No titilaba, pero si brillaba más que cualquier casa o edificio que hubiese visto a lo lejos.

Seguí mirando la luz un rato más mientras me terminaba el café. No sentí que fuese algo raro, solo tenía curiosidad. Uno se queda viendo esas cosas sin darse cuenta.

Después me distraje. Miré la luna, las estrellas y a los gatos cruzando de una azotea a otra en las casas del frente.

Algunos perros comenzaron a ladrar. Estaban más ruidosos de lo normal.

Mi café terminó por enfriarse y cuando volví a buscar la luz en el cerro, había desaparecido.

No le di importancia y volví a meterme en mi cuarto.

La siguiente semana fue todavía más pesada. Algunos compañeros en mi trabajo habían renunciado y tuve que hacer horas extra mientras mi jefe encontraba reemplazos. También había tenido una pelea con mi novia. Otra más.

Llegó el viernes y subí de nuevo. Tenía listo el café. Había llovido y podía ver el vapor en el aire cada que respiraba.

Volví a mirar el cerro. Sus faldas cubiertas por la neblina espesa. Y una vez más esa luz estaba allí. En esta ocasión sí llamó un poco más mi atención. Estaba titilando. Juraría que la semana pasada no lo hacía.

También me pareció que estaba más arriba que la última vez... No estaba seguro, después de una semana cualquiera podría recordar mal.

Otra vez los perros ladraron. Decidí no hacerles caso.

Me quedé viendo más tiempo esa luz. ¿Era algún tipo de dron? Eso pensé primero, pero los drones no brillan así. No con esa intensidad.

Me pregunté si otras personas también lo veían, y para quitarme la duda, le envié un whatsapp a mi amigo Santi y le pregunté. Él vivía al otro lado del pueblo. Me dijo que si lo veía, pero enseguida cambio de tema. Sabía que la tesis lo tenía muy estresado como para distraerse con una luz en el cerro.

Me quedé una media hora más mirando esa luz. Solo hasta que me dio sueño y volví a mi cuarto. Pero me había quedado con la espinita ¿Qué era eso? ¿Habría gente allá?

El miércoles me preparé café y subí. Esta vez el cielo estaba nublado. Cuando miré al cerro no encontré la luz, todo estaba oscuro. Me sentí extraño cuando me di cuenta de lo silencioso que estaba mi barrio.

Me quedé una media hora como la última vez. Quizás un poco más. No apareció.

Los días siguientes le pregunté a otras personas. A mi familia, a mis amigos y a mis conocidos. La mayoría no se habían enterado siquiera de esa luz. Unos dos que sí lo vieron, solo lo tomaron como una curiosidad.

Llegó el viernes y volví a subir con mi café listo. Enseguida busque con la mirada a esa luz. Allí estaba, titilando. Esta vez más rápido. Y ahora sí estaba seguro de que se había movido más arriba.

La neblina en cambio avanzaba lento, cubriendo más de medio cerro. Sentí que también cubría los lugares donde había estado la luz. Fue bastante raro.

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