prólogo

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Un trofeo 🏆 no quita lo mala persona que puedas ser....







El frío de la sala de embarque de la aviación privada del aeropuerto de El Prat era abrumador. No había ruido de multitudes ni pantallas parpadeantes anunciando vuelos comerciales; solo el zumbido constante de los aire

acondicionados y el suave chasquido de los tíos de seguridad ajustándose las chaquetas.


Gilberto Mora estaba sentado en la esquina del sofá de cuero negro, abrazándose a sí mismo. Apenas tenía dieciocho años, pero en los últimos tres meses sentía que la gravedad de todo el universo se había desplazado para aplastarle la caja torácica. Con la mano derecha, oculta bajo la sudadera holgada de la selección mexicana, acariciaba de manera inconsciente su vientre.
Todavía plano, todavía imperceptible para el resto del mundo, pero latiendo con una verdad lacerante.

Escuchó las pisadas familiares. Unas zapatillas caras arrastrándose con la desenvoltura de quien acaba de tocar el cielo. Lamine Yamal entró a la sala privada, con la medalla de campeón del mundo colgada al cuello sobre una camiseta oversized de diseñador. Traía los auriculares alrededor del cuello y una sonrisa a medio terminar en el rostro, esa misma sonrisa que horas antes había recorrido todas las portadas del planeta. España había ganado la Copa del Mundo, y Lamine era el rey del fútbol universal.



Lamine se detuvo al verlo. Su expresión se enfrió un poco, perdiendo ese brillo festivo que traía desde el césped.

-Gilberto... -dijo Lamine, tirando su bolso de mano sobre una mesa-. Pensé que ya habías subido al vuelo hacia Ciudad de México. Tu agente me dijo que salías antes.

-Le pedí que me esperara unos minutos -la voz de Gilberto sonó rasposa, casi un susurro. Se levantó despacio, buscando en los ojos de Lamine algún rastro de la persona con la que había compartido noches discretas en hoteles de concentración, risas ahogadas y promesas improvisadas a la sombra de los focos-. Necesitaba verte a los ojos antes de irme. Lamine... no he podido dormir en cuatro días, Tengo los resultados.


Lamine suspiró con pesadez. Se pasó la mano por las trenzas y miró hacia la puerta de cristal, como si temiera que las paredes tuvieran cámaras.

-Te dije que no habláramos de esto aquí, Gilberto. Hoy no. Es el día más importante de mi vida, ¿sabes la cantidad de prensa que hay afuera?

-¿Y cuando la prensa se apague, qué? -interrumpió Gilberto, dando un paso hacia él-. ¿Cuándo se acabe el festejo? Lamine, estoy embarazado. Es tuyo. El médico lo confirmó antes de la final. Estoy de 3 semanas porfavor....


El silencio que cayó sobre la sala fue espeso, casi ahogante. Lamine no parpadeó. No hubo sorpresa en sus ojos, solo una frialdad analítica, la misma que usaba para encarar a los defensas en el área chica.

-Tienes que interrumpirlo. -soltó Lamine, seco, sin rodeos.



A Gilberto se le cortó la respiración. Dio un pequeño paso atrás, sintiendo cómo el suelo se le movía bajo los pies.

-¿Qué? -alcanzó a articular-. Lamine, ¿de qué estás hablando... Es tu bebé ?

-De la realidad, Gilberto. De la pauta vida real -Lamine se acercó a él, bajando la voz a un susurro lleno de tensión, señalándose la medalla en el pecho-. Tengo diecinueve años. Soy campeón del mundo. Tengo un contrato multimillonario, la mirada de todo el planeta sobre mí y una vida espectacular esperándome. No voy a meter un bebé en este desastre. Ni de chiste mora!!



-¡ Pero Es nuestro! -espetó Gilberto en un rictus de dolor, sintiendo que las lágrimas le quemaban los ojos-. No estamos hablando de un rumor de transferencias o de una mala jugada. Es una vida, Lamine. De los dos. Dijiste que te importaba dijiste que no pasaría solo si ocurría esto me entregué Ati!!!! , dijiste eso que en la gira cuando nos veíamos...



-¡Eso era una cosa entre nosotros! -lo cortó Lamine, alzando las manos para que se callara-. Era diversión, era desconectar del estrés del fútbol. Nadie tenía por qué enterarse. Además, tú sabes perfectamente que tengo novia. Alexia me está esperando afuera en la camioneta. La prensa nos ama juntos, las marcas nos aman juntos, . Ella es mi imagen pública, mi estabilidad. ¿Qué quieres que haga? ¿Que salga a decir en rueda de prensa que el chico de la selección mexicana está esperando un hijo mío? Nos arruinaría la carrera a los dos.

Las palabras de Lamine eran como estocadas directas. Gilberto sintió el impulso de cubrirse los oídos, pero se obligó a mantenerse en pie, mirando fijamente al chaval que hasta hacía poco creía conocer.

-¿Te importa más tu imagen pública que esto tu bebé nuestro bebé ? -preguntó Gilberto, con una lágrima rebelde rodándole por la mejilla
-. ¿Te importa más lo que diga una marca que yo? ¿Que nosotros?


-Me importa mi vida, Gilberto -respondió Lamine con absoluta severidad, dando un paso adelante y clavándole la mirada-. Una vida que me costó un demonio construir. Si mantienes esto, destruyes todo. No puedo criar a un hijo. No quiero criar a un hijo ahora. Y mucho menos de esta manera. Tú eres un chaval también, apenas vas empezando. Piensa con la cabeza fría por una vez.


-He pensado con la cabeza fría cada segundo desde que vi la prueba positiva -murmuró Gilberto, apretando los puños a los costados-. Y no voy a deshacerme de él. No puedo. Es mío.
Lamine entornó los ojos. La calidez que alguna vez hubo en él se borró por completo, dejándolo convertido en un desconocido distante y calculador.

-Si decides tenerlo, estás completamente solo en esto okey -dijo Lamine. La firmeza en su tono cortó el aire como una cuchilla-. No voy a poner mi nombre en ningún papel. No voy a dar ni un solo euro, ni voy a dar declaraciones. Si esto sale a la luz, mi equipo de abogados negará todo y dirá que es un chantaje para ensuciar mi carrera tras el Mundial. ¿Me estás escuchando? Te van a destrozar en los medios, Gilberto.

-Me estás abandonando está abandonando a nuestro bebé enserio-dijo Gilberto, con la voz quebrándose en la última sílaba-. Ganaste la Copa del Mundo y me estás dejando tirado como si fuera nada una completa basura

-Tú estás eligiendo esto, no yo -contestó Lamine mientras recogía su equipaje del suelo y se ajustaba la chaqueta-. Tenía una vida perfecta antes de que vinieras con esta historia. No voy a dejar que un error arruine todo lo que logré. Tu vuelo sale en diez minutos. Vuelve a México, olvídate de mí y arregla esto por tu cuenta.

Lamine no esperó respuesta. Giró sobre sus talones y caminó hacia la salida. La puerta automática de cristal se abrió con un silbido metálico y volvió a cerrarse tras él, dejándolo marchar hacia las luces de los fotógrafos, hacia la gloria eterna y los abrazos de su pareja.

Gilberto se quedó de pie en medio de la sala vacía. El eco de los pasos de Lamine pareció quedarse flotando en las paredes. Se llevó ambas manos a la cara y dejó escapar un sollozo ahogado que llevaba días reteniendo.

Lentamente, bajó las manos hasta su vientre. Sentía un frío helado en los huesos, pero justo debajo de su palma, una pequeña certidumbre lo mantuvo en pie.

-No te preocupes... Pequeñito o pequeñita-susurró Gilberto para sí mismo en el silencio de la sala, sintiendo las lágrimas secarse en su piel




















-. No lo necesitamos, Te voy a cuidar yo solo.















Se limpió el rostro con la manga de la sudadera, tomó su pasaporte de la mesa y caminó hacia la pista de despegue. El mundo exterior aclamaba a Lamine Yamal como a un dios, pero para Gilberto, la verdadera historia acababa de comenzar en las sombras.






























Chale llore con este prólogo espero recibir apoyo también aquí
Los quiero y odio a yamal 😭💗

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