LA NOCHE DEL CÓNCLAVE
LIBRO DEL CÓNCLAVE
Primera Ley
"El apellido está por encima de la sangre."
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-Otra vez.
La voz del instructor atravesó el pabellón con la precisión de un disparo. No necesité levantar la vista para reconocerla; después de dieciséis años bajo su entrenamiento habría sido capaz de distinguirla incluso en medio del estruendo de una explosión.
Respiré despacio y dejé que el aire abandonara mis pulmones. La tensión desapareció de mis hombros, mi mandíbula se relajó y la firmeza militar de mi postura se deshizo como si nunca hubiera existido. Bastaron un par de segundos para convertirme en otra persona.
Ya no era una agente.
Era una joven nacida entre privilegios, acostumbrada a caminar por salones donde el silencio valía más que las palabras. Mi espalda seguía recta, pero ya no por disciplina, sino por elegancia. Mis manos dejaron de parecer capaces de romper un cuello y comenzaron a moverse con la delicadeza de quien jamás había empuñado un arma.
El instructor caminó lentamente a mi alrededor. Sus botas resonaban sobre el concreto mientras sus ojos recorrían cada detalle. En A.R.G.O.S. no bastaba con parecer alguien. Había que respirar como esa persona, mirar como ella, pensar como ella. Un solo gesto fuera de lugar podía costar una misión.
Se detuvo frente a mí.
-No.
No pregunté qué había fallado. Nunca lo hacía. Los errores no se explicaban; se descubrían.
Volví a mi posición inicial. Esta vez imaginé una vida distinta. Mi respiración cambió, el peso de mi cuerpo se desplazó apenas hacia una pierna y mis ojos evitaron el contacto directo.
Una camarera.
No caminaba para llamar la atención. Caminaba para pasar desapercibida.
El instructor volvió a rodearme.
-No.
Cerré los ojos.
El murmullo del pabellón desapareció. Dejé de escuchar el sonido de las botas, los golpes de entrenamiento y las órdenes que llenaban la sala. Solo existía mi respiración.
Cuando volví a abrirlos...
Umbra ya no estaba allí.
El instructor dio un paso al frente.
-¿Quién eres?
-Operadora D-17.
La vara de entrenamiento golpeó mi hombro con la fuerza justa para hacerme perder el equilibrio.
No buscaba hacer daño.
Buscaba que no volviera a cometer el mismo error.
-No te pregunté tu código.
El silencio se extendió entre los dos.
-¿Quién eres?
Durante un instante pasaron por mi mente decenas de nombres. Había vivido bajo tantas identidades que algunas comenzaban a mezclarse entre sí. Podía responder como una periodista inglesa, una estudiante francesa o una diplomática italiana. Todas habían existido. Todas habían sido reales mientras la misión lo necesitó.
Pero ninguna era la respuesta correcta.
Respiré una vez más.
Dejé de pensar.
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ROSAS NEGRAS
Romance"El poder no se hereda. Se conquista." Durante siglos, doce familias han gobernado el mundo desde las sombras. No aparecen en los libros de historia. No ocupan cargos públicos. No necesitan hacerlo. Ellos son El Cónclave. Cuando una agente de una or...
