Mierda.
Apesto.
Apesto a mierda.
No se trata de una metáfora poética, es literal.
La derrota de hoy contra los Minnesota Wild ha sido brutal y he jugado fatal. No estaba concentrado, no estaba en mi puto sitio mental y lo asumo con toda responsabilidad, porque cuando uno cobra lo que cobro yo por pegarle con un palo a un disco negro sobre el hielo, no tienes derecho a esconderse bajo la mierda de -perdimos en grupo-
Somos buenos. Jodidamente buenos. No esperaba que perdiéramos un partido si no era antes ganando cinco seguidos. Así de buenos somos. Queda mucha temporada por delante, eso sí. Estaremos bien.
Para rematar, me he olvidado el jodido teléfono en el banquillo.
Camino por la manga con el casco todavía colgando en la mano y el stick bajo el brazo.
Cansado, estiró el cuello, respiro y me hago paso entre medio de todos los periodistas ansiosos.
- Alex ¿Que pasó en el tercer periodo?
- ¿Te sientes responsable por la derrota de hoy?
- Alex ¿Pasarás la noche en Denver solo o buscarás diversión de la mano de alguna mujer?
Si, si y váyanse a la mierda.
No digo nada. No hago el numerito de nene bueno arrepentido que pierde perdón a la afición. No me apetece.
Muestro mi documentación al personal y atravieso la zona restringida hasta llegar al banquillo donde me espera mi teléfono abandonado.
Me encanta la temporada de hockey, y esta semana ha comenzado fuera de casa. Cuando era crío, comencé a jugar al hockey con un sueño claro: jugar en los Tigers de Chicago. Y el destino, que a veces es un cabrón y otras se porta, decidió que acabaría allí jugando profesionalmente.
Esta temporada empieza mi quinto año y no puedo imaginarme jugando en otro sitio que no sea aquí. Es por eso que necesito asegurarme de tener un contrato que firmar cuando acabe la temporada y mi contrato actual se acabe.
Cuando cojo mi teléfono, un ridículo sentimiento de calma me ilumina.
Perfecto.
Ya está.
Solo debo salir rápido, firmar un par de autógrafos y pronto estaré de vuelta en el hotel para ver a donde me depara la noche.
Cruzó la manga rápido mientras deslizó los pulgares por la pantalla del móvil. Entro a instagram y mi móvil se llena de fotografías de modelos y actrices, con la mitad de las cuales he salido. Bueno, posiblemente -salir- no sea la palabra correcta. Más bien me las he follado, y son un gustazo a la vista, así que básicamente, seguirlas en Instagram supone una responsabilidad cívica y emocional.
Ni siquiera me empeño en abrir los mensajes o notificaciones. Ya sé exactamente lo que dicen. Puedo imaginar los titulares perfectamente.
"Miller pierde la cabeza ante Minnesota"
"Alexander Miller vuelve a cruzar la línea"
"El once de los Tigers explota en Minnesota luego de una derrota sensacional"
Y un pedazo de mierda.
Puedes marcar tres goles y apenas consigues una columna perdida al final del artículo. Empuja demasiado fuerte a un rival contra la valla y de repente eres el tema de conversación de todo el país.
Peterson no está muerto. Lo digo porque cualquiera diría que le he arrancado una extremidad y la he utilizado para golpear al árbitro.
El hockey está lleno de gilipollas convencidos de que la mejor forma de parar a un rival es tocarle las narices durante sesenta minutos seguidos, y el siete de los Wild llevaba todo el partido buscándome.
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FUERA DE JUEGO
RomanceHay una regla simple dentro del mundo del deporte: no te involucres con los jugadores para los que trabajas. Andy Montgomery pensó que cumplirla sería fácil... hasta que conocí a Alexander Miller. Él es la estrella de los Chicago Tigers, el chico ma...
