We've updated our Content Guidelines.
Review the latest guidelines to keep sharing stories safely.

~ Capítulo 1 ~

1 1 0
                                        

Las turbulencias cesaron tras unos minutos hasta que el avión consiguió aterrizar en nuestra pista de desembarque. Antes de bajar, en mi mente se reproducía la despedida con mis padres que había tenido lugar un par de horas atrás:

-¿Segura que lo llevas todo?-me preguntó mamá por enésima vez mientras sus ojos se achinaban.
-Mamá,-me acerqué a ella y coloqué mis manos en sus brazos-voy a estar bien, tranquila.

Intenté creerme mis propias palabras aunque, en el fondo de mí, sabía que era algo que no conseguía desde hace dos años. Sin embargo, aquellas palabras suavizaron la expresión preocupada de mamá y, sin decir ni una palabra más, me estrechó entre sus brazos con fuerza, intentado cortar cualquier espacio que quedase entre nosotras.

-Venga, cariño, deja que ella encuentre su propio camino.-dijo papá a mí espaldas mientras apartaba a mamá suavemente, irrumpiendo nuestro abrazo.

Mi mirada se encontró con la suya, aquella mirada que siempre calmaba mis ansias y me permitía escapar de la realidad. Era mi refugio seguro y, en esos instantes, iba a dejarlo atrás.

-Intenta disfrutar y aprender del nuevo trabajo. Pero, sobre todo, intenta encontrarte, volver a ser tú o ser una nueva tú. Mereces vivir, hija.

Papá recitó cada palabra sin apartar su mirada de la mía e, inevitablemente, mis ojos se estancaron de lágrimas que intentaban escapar. De inmediato, me aferre sus brazos y, como recuerdo desde que era pequeña, sus cálidos y fuertes músculos me alzaron en el aire. Enterré mi rostro en su hombro y, por un instante, pensé en quedarme. Por lo contrario, no lo ejecuté. Hice de tripas corazón y me monté en el avión del que acababa de bajarme. El porqué lo hice es sencillo, me lo debía a mí y se lo debía a ellos. Estos dos últimos años habían estado cubiertos de oscuridad y tristeza. Ellos habían sido mi apoyo incondicional y los que habían estado ahí para sacarme del pozo en que me sumergí.

-¿A dónde la llevó?-la pregunta del taxista me sacó de los pensamientos en los que había quedado absorta.
-A Clapham, por favor.

El coche se puso en marcha y se introdujo en la inmensa ciudad londinense. Edificios llenos de historia que resultan ser modernos pero guardan la fidelidad de lo tradicional mientras que las calles son iluminadas por miles de farolas que parecen pequeñas estrellas y qué decir de sus amplias calles, llenas de vida por los londinenses.

Casi se me desencajó la mandíbula cuando el taxi se detuvo delante de mi edificio que parecía de ensueño. ¿Realmente aquí iba a vivir o me había equivocado de dirección? Sin embargo, no había erratas y me encontraba abriendo la puerta de mi apartamento con la llave que me llegó la semana pasada a mí antigua casa. Aunque toda duda desapareció cuando casi me caigo para atrás al encontrar a mi compañera de piso corriendo de un lado para otro.

-¡Ay, perdona!-dijo enseguida mientras se detuvo delante mía.
-¿Mia cierto?-pregunté cuando me recompuse del susto.
-¡Si! Es un placer.-dijo mientras me hacía paso-Me has pillado recogiendo el apartamento, por eso estaba corriendo.

Su rostro enrojeció un poco al decir aquello y, al mismo tiempo, caminaba por el pasillo para enseñarme mi gran habitación.

-Perdona si sigue algo desordenado. Acabo de salir de trabajar y bueno...
-No te preocupes, está perfecto.-dije mientras me embelesaba observando lo grande que era mi habitación, aunque debía decorarla a fondo, incluyendo aquellas paredes blancas sin ninguna decoración.
-¡Me alegro tanto!-dijo con gran ilusión-Llevo meses buscando una compañera decente y no algún porreta que pudiese quemar la casa en cualquier momento.

Sin poder evitarlo, ambas estallamos en carcajadas y, a partir de aquel momento, supe que había cometido una buena elección al elegir este apartamento. Haríamos grandes migas.

Mia me dejó a solas para poder organizar un poco mis maletas. Además, me había propuesto ir a cenar a un restaurante típico de Londres y, de paso, enseñarme un poco de la esencia londinense. Por ello, debía darme prisa si quería dejarlo todo listo antes de irnos a cenar.

-¿El sitio es elegante?-pregunté mientras me peinaba el pelo mojado de la ducha.
-¡Qué va! Es muy tranquilo. Van todos los de nuestra edad, así que ponte algo casual.-me dijo con una sonrisa mientras intentaba abrocharse las botas.

Abrí mi armario y, al ver la escasez de ropa que poseía, supe que debía ir urgentemente de compras. Me puse una falda vaquera con un top negro entallado a mi figura. Al igual que Mia, decidí ponerme unas botas y, en menos de diez minutos de camino, llegamos al bar. Tenía grandes cristaleras que dejaban entrever el interior, lleno de luces de colores y gente en sus mesas mientras disfrutaban de la música.

-¿Qué te parece?-me preguntó Mia mientras nos pedía unas cervezas.
-Muy londinense.-dije con una pequeña risa.
-Si, aquí todos adoran este sitio por la música y los precios baratos. Además, los findes hacen karaoke y suele llenarse.
-¿Karaoke? No me imaginaba a esta gente cantando en un bar.-dije sorprendida.
-¡Buah, pues les encanta!

Nos pedimos algo de cenar mientras Mia me contaba más tradiciones londinenses. Resulta ser que adoran la cultura del "Gig" y, por eso mismo, les encanta todo lo que tiene que ver con la música en vivo. Lo que es más, aman la vida nocturna. Si me hubiesen dicho todo esto unos días atrás, no me lo hubiese creído. No sé si seré la única, pero me imaginaba a los londinenses como personas muy serias y estrictas que se centraban en trabajar. ¡Qué equivocada estaba!

-¿Y bueno, tú qué haces por aquí?-me preguntó Mia tras contarme que ella llevaba en Londres un año debido a un trabajo de modelo que le habían ofrecido. Su antigua compañera se casó y por eso buscó una nueva.

La pregunta me pilló algo desprevenida. La respuesta rápida sería: "Me han ofrecido un gran puesto de trabajo". Aunque la larga sonaría tal que así: "Llevo dos años estancada en la mierda por un accidente y estoy intentando rehacer mi vida". Puede que Mia se percatase de mi expresión perdida porque, de inmediato, intentó cambiar de tema.

-¿Sabes qué? ¡Da igual! Ahora estás aquí y me encantaría bailar contigo.

Sin poder contestar, estiró de mi mano para levantarme y llevarme hasta la zona donde estaban bailando. Fue una sensación extraña y agridulce a partes iguales. Hacía mucho tiempo que no bailaba pero bailar con sentimiento. Bailar por bailar lo había hecho siempre, sobre todo desde que mi vida quedó estancada. Pero, en esos instantes, me encontraba bailando con satisfacción. Me apetecía bailar y, lo que es más, ¡lo estaba disfrutando! E incluso, una amplia sonrisa apareció en mi rostro que pocas veces había sonreído últimamente.

El placer de volver a amarStories to obsess over. Discover now