Sangre en los nudillos

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POV: María

​El sonido de mi puño golpeando la cara de ese tipo sonó muy fuerte. Un segundo después, sentí el ardor en mi mano.

​-¡María, ya, suéltalo! -gritó Zamara desde el fondo del callejón. Pero yo estaba tan enojada que no le hice caso.

​Tenía a un chico de último año acorralado contra el basurero. Le sangraba la nariz. El tonto tuvo la mala idea de hablar mal de mi hermana Andrea. Grave error. Nadie se mete con Andrea.

​-Vuelve a decir que mi familia es de delincuentes y te juro que te rompo todos los dientes imbecil-le advertí, soltándolo con fuerza. El chico cayó de rodillas, se agarró la cara y salió corriendo hacia la calle.

​Me di la vuelta y me limpié un poco de sangre de la boca con la mano.

​-Fabuloso. Espectacular -Zamara se acercó con los brazos cruzados. Me miraba como si quisiera matarme-. Tres minutos. Eso fue lo que duraste sin pelear hoy. Es un nuevo récord. Aplausos para ti.

​-Él se lo buscó -respondí de mal humor, acomodándome la mochila.

​-María, faltan tres meses para que terminemos la escuela, si es que no te expulsan antes. Si vas a golpear a alguien, por lo menos no lo hagas frente a las cámaras de seguridad, ¿sí? Mis tenis son blancos y ya se mancharon de tierra.

​cerre los ojos y suspire, aunque no pude evitar sonreír un poco. Zamara era la única persona en todo este colegio que me podía regañar sin que me dieran ganas de golpearla.

​Caminamos de regreso al edificio para buscar nuestras cosas. La escuela estaba dividida en dos grupos:

nosotros, los más jóvenes que intentábamos sobrevivir a las clases, y los chicos de último año, que caminaban por los pasillos creyéndose los dueños de todo.

​Y la líder de todos ellos era ella.

​Al entrar, la vi. Grecia

​Estaba de pie cerca del periódico escolar, rodeada de sus amigas de siempre. Su uniforme estaba perfecto, sin una sola arruga. Su cabello castaño caía bonito sobre sus hombros. Era hermosa, pero tan fría y creída que me daba coraje verla.

​De pronto, Grecia giró la cabeza y me miró directamente a los ojos.

Mierda.

​El ambiente se sintió muy tenso de inmediato. Sentí que la rabia me quemaba por dentro. Tres fokin años. Habían pasado tres años desde la noche en que mi familia se arruinó por completo. El accidente de auto, los problemas de dinero, las pesadillas de mi hermana Andrea... Y Badillo estaba ahí como si nada, guardando silencio sobre lo que vio esa noche como una cobarde.

​Grecia ni siquiera parpadeó. Me sostuvo la mirada con tanta calma que me hizo enojar más. Ni siquiera hizo mala cara al ver mi labio sangrando. Solo me miró de arriba a abajo, como si yo fuera un estorbo.

​Apreté los puños muy fuerte. Di un paso hacia ella, lista para pelear frente a todos sus amigos, pero Zamara me agarró del brazo.

​-Ni se te ocurra, María -susurró Zamara muy seria-. Hoy no.

​-Mírala -dije, sin dejar de ver a Grecia-. Mírala con su maldita cara de niña buena. No la soporto.

​-Pero no dejas de mirarla -se burló Zamara.

​Le di un pequeño empujón en el brazo.

​-¡Oye! Solo digo la verdad. Ignórala y ya.

​Grecia por fin dejó de mirarme. Le dijo algo a su amiga Victoria y caminó hacia la salida. Al pasar cerca de mí, sentí su perfume de lavanda. Apreté los dientes. Odiaba ese olor. Odiaba cómo caminaba. Odiaba todo de ella.

​-Un día de estos le voy a borrar esa cara perfecta a golpes -murmuré.

​-Claro que sí, campeona, y luego nos van a meter a la cárcel a las dos -dijo Zamara en tono de broma.

​Cerca de nosotras, por la cancha de básquetbol, las cosas tampoco estaban tranquilas.

​Vi a Santiago apoyado en la pared. Se veía muy triste mientras miraba a Nicolás. Y con razón:

Nicolás estaba siendo arrinconado por su novia, Ximenita.

​Incluso desde lejos se notaba lo tóxica que era ella. Ximenita le gritaba y lo apuntaba con el dedo en el pecho. Nicolás solo miraba al piso, pálido y asustado. Ella le quitó el teléfono de las manos con fuerza para revisarle los mensajes, mientras él intentaba calmarla.

​-Pobre chico -Suspiró Zamara a mi lado, viendo la misma escena-. Ximenita no es una novia, es un arresto domiciliario con falda.

-Nicolás es un pendejo y migajero por dejarse tratar así -respondí, aunque en el fondo sentía lástima por él. Yo sabía lo feo que era sentirse atrapado.

​Vi que Santiago dio un paso como si quisiera intervenir, pero se detuvo.

La forma en que Santiago miró a Nicolás mientras Ximenita se lo llevaba de la mano era de mucho dolor. Se notaba a kilómetros que había un secreto muy grande entre ellos dos que nadie quería decir en voz alta.

​Cuando al fin llegué a mi casillero y lo abrí, la puerta rechinó. Metí la mano para sacar mi suéter, pero algo cayó al piso.

​Era un sobre negro.

​-¿Y eso? -preguntó Zamara, inclinándose para ver.

​Me agaché a recogerlo. No tenía mi nombre escrito por fuera, solo una textura rugorosa.

Al abrirlo, sentí mucho miedo de repente.

​Adentro no había una carta normal. Era una nota hecha con letras recortadas de revistas, y tenía una gota seca de algo que parecía sangre:

​"¿Recuerdas esa noche María? Preguntale a tu hermana por qué el coche no tenía frenos."

​Sentí que me faltaba el aire. Hizo frío de golpe.

​-María... ¿qué dice la nota? -preguntó Zamara, ya muy preocupada al ver mi cara.

Cerré el puño, arrugando la nota dentro de mi mano mientras el corazón me martillaba las costillas con una fuerza salvaje. La sangre de mis nudillos volvió a gotear sobre el suelo.

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