Scarlett
Ocho.
Ese era el número que no dejaba de dar vueltas en mi cabeza mientras observaba por la ventanilla del coche. Ocho mudanzas. Ocho casas distintas. Ocho institutos diferentes. Ocho oportunidades para empezar de cero.
Mi madre siempre decía que aquello nos hacía más fuertes. Yo decía que aquello era una forma muy elegante de no echar raíces.
- Ya casi llegamos, Scar - dijo mamá con una sonrisa cansada, sin apartar la vista de la carretera.
Suspiré y apoyé la cabeza contra el cristal.
- Eso dijiste hace media hora.
- Porque hace media hora también estábamos cerca.
Rodé los ojos.
- Aja.
El coche giró por una calle rodeada de árboles enormes. Las hojas se movían con el viento, proyectando sombras sobre el asfalto. Era un lugar bonito. Tranquilo. Demasiado Tranquilo.
- Bienvenida a Virginia.
Miré el cartel que anunciaba el pueblo y luego las casas. Todo parecía sacado de un postal: jardines cuidados, porches blancos y vecinos que saludaban como si llevaran toda la vida conociéndose.
No me gustó.
Los sitios demasiado perfectos siempre escondían algo.
Cuando llegamos a nuestra nueva casa, mamá apagó el motor y me miró con ilusión.
- ¿Qué te parece?
Era una casa de dos plantas, con paredes claras y un enorme roble en el jardín delantero.
- Tiene pinta de que está embrujada.
Mamá soltó una carcajada.
- Eso significa que te gusta.
- No. Significa que probablemente haya un fantasma viviendo arriba.
Ella bajó del coche sin responder.
- ¡Vamos! Hay que desempacar.
Bufé antes de seguirla.
A la mañana siguiente ya estaba frente al instituto.
Respiré hondo.
Otro uniforme.
Otra mochila.
Otra presentación.
Otro grupo de personas que me mirarían como si fuera un animal raro.
El edificio era antiguo, con ladrillos rojizos y enormes ventanales. Había estudiantes por todas partes, pero algo llamó mi atención.
Todos hablaban en voz baja.
No era el típico bullicio de un instituto.
Era... Diferente.
Algunos alumnos se quedaban observando demasiado tiempo. Otros apartaban la vista en cuanto yo los miraba.
- Vale... eso sí es raro.
Entré intentando ignorarlo.
La secretaría me entregó mi horario.
- La directora la acompañará hasta su aula.
Asentí.
La mujer tampoco sonreía demasiado.
¿Es que nadie aquí sabía relajarse?
Llegamos frente a una clase.
La directora llamó dos veces a la puerta.
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Sombras en Virginia
No FicciónScarlett siempre creyó que los monstruos solo existían en las leyendas... hasta que su vida la lleva a Virginia, un lugar donde la oscuridad oculta mucho más que simples secretos. Lo que parecía un nuevo comienzo se convierte en una pesadilla fascin...
