Lirios para Harry

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Harry Potter tenía un admirador secreto.

No era algo precisamente extraño. Después de todo, desde hacía años su nombre era conocido por prácticamente toda la comunidad mágica. Había personas que lo admiraban por lo que había hecho durante la guerra, otras que lo miraban con curiosidad por ser el niño que sobrevivió y algunas que simplemente parecían fascinadas por la idea de acercarse a alguien cuya vida había sido convertida en historia antes incluso de que él pudiera decidir qué quería ser.

Había recibido cartas, regalos e incluso invitaciones de personas que apenas sabían algo de él más allá de su apellido.

Pero ninguno de esos gestos había conseguido quedarse con él.

Excepto uno.

Los lirios.

Cada semana, exactamente el mismo día, aparecía un ramo de lirios blancos descansaban cuidadosamente sobre su escritorio, sus pétalos suaves y elegantes abiertos hacia la luz que entraba por la ventana. No eran flores llamativas ni exageradas; no buscaban atraer la atención de cualquiera que pasara por allí. Eran sencillas, tranquilas, casi delicadas.

Al principio, Harry había pensado que se trataba de una broma. Una elaborada, demasiado bien planeada para ser simplemente una ocurrencia pasajera, porque no cualquiera podía hacer llegar algo hasta el departamento de aurores sin que alguien lo notara. Después de la guerra, la seguridad del Ministerio había aumentado considerablemente y, teniendo en cuenta quién era él, sus compañeros se habían asegurado de que ningún regalo sospechoso pudiera llegar hasta sus manos sin haber pasado un exhaustivo control antes.

Habían intentado descubrir quién estaba detrás de aquello.

Comprobando los paquetes antes de que llegaran al edificio, buscando rastros de magia, habían analizado los encantamientos que rodeaban los ramos e incluso habían intentado seguir la procedencia de las flores. Durante semanas, sus compañeros habían tratado de resolver aquel pequeño misterio con la misma determinación con la que perseguían a antiguos mortífagos.

Pero no habían encontrado nada.

Los lirios siempre aparecían,puntuales.

Sin ruido,ni señales y lo más importante sin dejar ninguna pista.Y junto a ellas siempre había una pequeña nota escrita a mano.

"Que tengas una buena semana. Nos vemos la próxima."

Y nada más.No había nombre,ni había firma.

Ni ninguna declaración exagerada que hiciera que Harry se sintiera incómodo.

Solo unas pocas palabras escritas con una caligrafía cuidada, como si la persona que estaba detrás de ellas hubiera dedicado unos minutos de su tiempo simplemente a recordarle que alguien estaba pensando en él.

Con el paso de los meses, Harry dejó de preguntarse si había algún motivo oculto detrás de aquello. Con el paso de los años, incluso dejó de intentar descubrir quién era.

Porque aquellas flores nunca le habían pedido nada.

Nunca habían exigido una respuesta.

Nunca habían intentado entrar en su vida de una forma que él no quisiera permitir.

Solo estaban ahí.

Esperándolo cada semana.

Y quizá por eso se habían convertido en algo tan importante.

Habían pasado cuatro años desde la primera vez que encontró un ramo de lilas sobre su escritorio, cuatro años desde que comenzó su entrenamiento como auror y cuatro años en los que, sin importar lo ocupado que estuviera quien enviaba las flores, sin importar lo difícil que hubiera sido su semana o la de Harry, el ramo siempre llegaba.

Lirios para Harry y Narcisos para DracoStories to obsess over. Discover now