Kim Possible había perseguido a Shego por los tejados de París, por las alcantarillas de Tokio y una vez -de eso preferían no hablar- por el interior de un crucero temático de ABBA. Pero nunca, en doce años de rivalidad, la había perseguido por algo tan absurdo como esto.
-¡Shego! -gritó, aterrizando en la sala principal del Museo de Middleton con la elegancia de siempre y la paciencia de nunca-. ¡Suelta... eso!
Shego se giró con toda la calma del mundo, iluminada por el resplandor verde de sus propias manos. Bajo el brazo llevaba, cuidadosamente envuelto en plástico de burbujas, el objeto robado.
Un rubí. De plástico. De la tienda de regalos.
-Princesa -ronroneó Shego, y esa palabra seguía haciendo algo raro en el estómago de Kim después de tantos años-. Cuánto tiempo. ¿Nuevo traje? Te queda... ajustado.
-Es el mismo traje de siempre.
-Ya lo sé. Solo quería que supieras que me fijo.
Kim parpadeó. Doce años de peleas le habían enseñado a leer a Shego mejor que nadie: el ángulo de sus hombros antes de atacar, la media sonrisa antes de una finta, el brillo en sus ojos cuando algo le importaba de verdad. Y ahora mismo, todas las señales estaban... mal. Shego no estaba en posición de combate. Estaba apoyada en una vitrina como quien espera un cóctel en un bar.
-Ese rubí cuesta doce dólares con noventa y nueve -dijo Kim, señalando el botín-. Lo sé porque le compré uno igual a mi prima.
-Doce noventa y nueve es un robo -admitió Shego-. Por eso me lo llevo gratis. Coherencia criminal, Kimmie. Búscala en el diccionario.
-¿Drakken te obligó a esto? ¿Perdieron una apuesta? ¿Es una crisis de los treinta?
-Tengo treinta y uno y estoy espléndida, gracias por preguntar.
Y entonces Shego hizo algo que descolocó a Kim por completo: en lugar de huir por el tragaluz, caminó hacia ella. Despacio. Con ese andar de felina aburrida que reservaba para las ocasiones especiales. Se detuvo tan cerca que Kim pudo oler su perfume -¿desde cuándo Shego usaba perfume para robar museos?- y le puso el rubí de plástico en las manos.
-¿Sabes qué? Quédatelo. Te combina con el pelo.
-Shego, ¿qué está pasa...?
-Nos vemos el jueves -dijo Shego, ya girándose hacia la ventana-. Acuario municipal. Voy a robar un pingüino.
-¡No puedes avisarme de tus propios robos!
-¿Por qué no? -Shego se detuvo en el marco de la ventana, recortada contra la luna, y le dedicó una sonrisa que debería estar prohibida por la Convención de Ginebra-. Es la única manera de asegurarme de que vengas tú y no el bufón ese de Du. Dulces sueños, princesa. Piensa en mí.
Y desapareció.
Kim se quedó parada en medio del museo, con un rubí de plástico en las manos y el pulso a mil por hora, lo cual era ridículo porque ni siquiera habían peleado.
-Wade -dijo por el comunicador-, tengo una pregunta técnica.
-Dime.
-¿Existe algún gas alucinógeno que haga que los villanos se comporten como... como...?
-¿Como qué?
Kim miró el rubí. Te combina con el pelo.
-Olvídalo.
YOU ARE READING
Verde sobre rojo
FanfictionHistoria de Shego y Kim, los derechos de autor de los personajes son de los creadores, yo solo hago una historia para leer después sobre kigo o mejor dicho sobre sheggo y Kim posible. Esta historia transcurre ocho años después de los eventos de la s...
