-12 de Octubre del 2015-
El internado de Kawagoe no era una escuela; era un triturador de voluntades diseñado para pulir el filo más cortante del clan. A diferencia de Tokio, donde la opresión era constante pero compartida, en Kawagoe el aislamiento de Sirius era absoluto. Sin Star ni Lyv, el joven se vio obligado a cargar con el peso de su propio poder en un entorno que castigaba cualquier rastro de duda. Los abusos allí no eran solo verbales; eran sesiones extenuantes donde se le obligaba a reprimir sus emociones para alcanzar la perfección en combate, un proceso que fragmentaba su mente con cada golpe recibido y cada orden ejecutada.
Sirius comenzó a hundirse en una depresión silenciosa y peligrosa. La soledad se le clavaba como astillas de hielo, y el entrenamiento forzado, que exigía una desconexión total de su humanidad, lo dejaba vacío al caer la noche. Se veía a sí mismo como un cascarón, una herramienta sin propósito más allá de la obediencia. Su mente, antes brillante y coordinada con la de sus hermanos, empezó a desarrollar grietas por las que se filtraba un resentimiento oscuro hacia el clan, hacia su destino y, paradójicamente, hacia la lejanía de sus hermanos.
Fue en esos momentos de vulnerabilidad extrema, donde el silencio de la celda de entrenamiento se volvía ensordecedor, cuando Karaba comenzó su incursión. El demonio no se presentó con un rugido, sino con una presencia que se infiltraba en la psique de Sirius, sugiriéndole verdades distorsionadas. Karaba le proyectaba visiones de su inutilidad y del supuesto abandono de los suyos, alimentando la llama de un odio frío que, en lugar de consumirlo, lo mantenía en pie. La entidad se posicionaba en los rincones de su mente, aprovechando el rencor como un puente para establecer su dominio.
Sirius, despojado de sus anclas emocionales, comenzó a aceptar esas semillas de duda como propias. Cada vez que apretaba los dientes para reprimir el dolor durante un entrenamiento, Karaba estaba allí para recoger ese sufrimiento y transformarlo en una convicción letal. El declive de Sirius era total; su capacidad de materialización se volvió más potente, pero carente de vida, una luz gélida y sin propósito. El demonio sabía que el recipiente estaba casi listo: solo necesitaba terminar de convencer a Sirius de que el mundo, incluida su propia familia, era un obstáculo que debía ser superado. El joven, sin saberlo, estaba entregando las llaves de su propia voluntad a la sombra que lo observaba desde el principio de los tiempos.
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Lightbringer Overload 3: "Good desigue"
AcciónUn rompecabezas nunca estara completo si es que la ultima pieza de esta se pierde en un pasado que ignoras pero a la vez requieres recordar.
