El silencio...
Era lo único que permanecía después de una guerra que había durado incontables años.
Las nubes doradas del Reino Celestial se habían teñido de rojo. Los majestuosos palacios que alguna vez dominaron los cielos yacían reducidos a ruinas. Armas divinas descansaban esparcidas entre montañas destrozadas, mientras los cuerpos de innumerables soldados celestiales cubrían el campo de batalla.
En medio de aquel océano de destrucción permanecía una única figura.
Su armadura dorada estaba rota.
Su pelaje estaba cubierto de sangre.
El aro de oro sobre su cabeza había perdido parte de su brillo.
Pero sus ojos...
Sus ojos seguían desafiando al mismo cielo que había jurado someterlo.
Sun Wukong.
El Gran Sabio Igual al Cielo.
Frente a él no quedaba ningún enemigo capaz de luchar.
Había vencido.
Otra vez.
Y, sin embargo...
No sonreía.
Lentamente levantó la vista hacia el inmenso firmamento.
-¿Lo ven...? -murmuró con una amarga sonrisa-. He vuelto a ganar...
Nadie respondió.
Solo el viento recorrió las ruinas del Reino Celestial.
Después de un largo silencio, Wukong soltó una pequeña carcajada.
-Qué irónico...
-Siempre es lo mismo.
Cerró los ojos.
En su mente desfilaron incontables recuerdos.
Reyes que habían caído.
Emperadores que se proclamaban eternos.
Dioses convencidos de ser invencibles.
Todos desaparecían.
Pero el ciclo...
Siempre regresaba.
Cada vez que una tiranía era derrotada, otra ocupaba su lugar.
Cada vez que alguien luchaba por la libertad, el mundo terminaba olvidando el motivo de aquella lucha.
Y cuando el recuerdo desaparecía...
El Cielo volvía a extender sus cadenas sobre los mortales.
No importaba cuántas veces ganara.
Mientras el ciclo existiera...
Nunca habría una verdadera victoria.
Wukong caminó entre los restos del campo de batalla hasta detenerse frente a su inseparable compañero.
El Ruyi Jingu Bang permanecía clavado en la roca, tan firme como el primer día.
Apoyó una mano sobre el báculo.
Durante unos instantes, permaneció inmóvil.
Entonces sonrió.
No era la sonrisa desafiante del guerrero.
Era la sonrisa tranquila de alguien que, por fin, había encontrado una respuesta.
-Ya lo entendí...
-No necesito seguir peleando.
-Necesito que alguien termine lo que yo empecé.
El báculo comenzó a emitir un resplandor dorado.
Una energía inmensa envolvió el cuerpo del Rey Mono.
No era su fuerza.
Era su historia.
Sus recuerdos.
Sus derrotas.
Sus victorias.
Su rebeldía.
Su risa.
Su voluntad de desafiar incluso al destino.
Todo comenzó a fluir lentamente hacia el Ruyi Jingu Bang.
-Te confío mi legado...
-No busques a alguien que sea como yo.
-Busca a alguien mejor.
Alguien que comprenda que la fuerza no basta para cambiar el mundo.
Alguien que sea capaz de confiar en otros.
Alguien que rompa este ciclo...
Para siempre.
La luz del báculo iluminó los cielos.
Al mismo tiempo, en un lugar oculto entre las estrellas, una antigua joya espiritual respondió a ese llamado.
La Reina de los Zorros Celestiales apareció envuelta en un suave resplandor plateado.
Observó a Wukong con una leve sonrisa.
-Así que... al final también lo comprendiste.
Wukong soltó una carcajada.
-Llegué un poco tarde, ¿no crees?
Ella negó con la cabeza.
-Nunca es tarde para dejar esperanza.
La reina extendió ambas manos.
Su esencia, sus conocimientos y su poder comenzaron a sellarse dentro de la joya espiritual.
-Entonces nuestros herederos caminarán juntos.
-Y donde nosotros fracasamos...
Ellos construirán un nuevo comienzo.
Las dos reliquias abandonaron aquel mundo.
Atravesaron montañas.
Mares.
Dimensiones.
El tiempo dejó de tener significado.
Los siglos se convirtieron en milenios.
Civilizaciones enteras nacieron y desaparecieron.
Los nombres del Gran Sabio Igual al Cielo y de la Reina de los Zorros Celestiales terminaron convirtiéndose en simples leyendas.
Hasta que...
En un mundo completamente distinto...
Una mujer dio a luz a un niño bajo una noche marcada por la tragedia.
Mientras un zorro de nueve colas rugía con furia y una aldea luchaba por sobrevivir...
Muy por encima de aquel cielo...
Dos antiguas reliquias brillaron al mismo tiempo.
El Ruyi Jingu Bang vibró por primera vez en miles de años.
La joya espiritual respondió a su llamado.
Una voz llena de alegría rompió el silencio eterno.
-Al fin...
Te encontré.
Y, por primera vez desde la caída del Reino Celestial...
La leyenda del Rey Mono volvió a ponerse en marcha.
Esta vez...
En las manos de un niño llamado...
Naruto Uzumaki.
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HEY!! como están todo bien? Por qué yo si bueno se que debería estar actualizado la historia de los caballeros reales pero hey está idea se me vino a la mente y si no la hacía realidad no sabría cuando pase de nuevo pero en fin aquí les traigo otra historia si les gusta ya saben botes y pongan en los comentarios sus sugerencias.
Sin más que decir CHAU!!!!
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Naruto: El Heredero del Rey Mono
FanfictionEl Rey Mono nunca fue derrotado... Solo estaba esperando. Miles de años después de su última batalla contra los Celestiales, Sun Wukong selló su voluntad, sus recuerdos y su poder dentro del Ruyi Jingu Bang, esperando encontrar a un sucesor capaz de...
