—¿Estás llorando? —preguntó Eldran bajo el marco de la puerta. Su voz se escuchaba preocupada.
—Mi padre... —dije entre sollozos. Apreté el diario contra mi pecho con fuerza, quería recordar la sensación de papá cuando me abrazaba, algo que comenzaba a olvidar poco a poco—, se sacrificó por mí, para protegerme.
—Elira... —fue todo lo que pudo decir. Se acercó y me abrazó.
—Todo por esa absurda profecía, por esta estúpida marca —tenía un nudo en la garganta tan grande que me dolía pasar saliva o hablar, pero no podía dejar de llorar al pensar en mi padre, en que había sido mi culpa.
—No fue tu culpa —dijo, como si me hubiera leído la mente. Me separó lo suficiente para mirarme a los ojos y con una expresión de dolor en su rostro dijo:—. Tu marca es parte de ti, pero no te define ni determina lo que pasa en tu vida. Tú eres especial con o sin marca, solo por ser tú.
Recosté mi cabeza en su pecho y seguí llorando sin poder detenerme, las lágrimas caían sin parar, porque sabía que la marca nunca había significado nada para mí, era algo natural, como una extremidad más, pero tampoco podía negar que por esa marca mi mamá me ocultaba cosas, había personas buscándome y que mi padre había muerto defendiéndome.
Los brazos de Eldran se convirtieron de nuevo en mi lugar seguro, cálidos, agradables y confiables, como lo había sido durante las noches anteriores y como seguramente lo seguiría siendo, porque se trataba de él.
—No sufras más, Elira. Es la primera vez que te veo llorar y me rompe el corazón... —susurró cerca de mi oreja con suavidad.
Pasó una hora llena de lágrimas y sollozos incontrolables, hasta que logré calmarme, limpié mis mejillas con la manga de su camisa, a él no le importo en lo absoluto, sonrió divertido y despeinó mi cabello con ternura.
—Recuerdo la profecía —dijo ya recostados en la cama de mis padres—. Pero, ¿por qué dices que todo es por eso?
—En el diario de mi padre está escrita la profecía que mi madre recitaba, pero tiene algunas cosas diferentes, como si la de mi mamá estuviera incompleta. "La oscuridad se reduce a un destello, que iluminara al fruto prohibido" —cité—. No entiendo... —confesé acariciando su rostro con suavidad en un acto involuntario, porque solo con ese roce me sentía en calma y podía pensar con serenidad. Cerré los ojos para disfrutar aún más del momento.
—Tal vez la oscuridad es la maldad, pero no entiendo por qué se reduciría a un destello. Es extraño...
—El fruto prohibido obviamente soy yo, que nació de un amor que no debía ser.
Escuché que suspiraba con fuerza, tal vez frustrado por no entender lo de la profecía, y, contagiado por mis suaves caricias, sentí su mano recorrer mi rostro con delicadeza y cariño.
—Un fruto prohibido muy bonito —bromeó con una risa sutil. Yo sonreí también para agradecer de alguna forma su intento por animarme, aunque solo con estar junto a él ya era una buena terapia para ordenar mis caóticos pensamientos.
—"Se sellará su brillo, se acabará la oscura malicia, y la luz retomará su rumbo." —continué.
—La luz y la oscuridad siempre han estado en bandos contrarios y jamás deben encontrarse, pero la malicia y ese algo que se sella, no entiendo... No soy muy bueno con las profecías —dijo pasando su brazo por mis hombros y atrayendo mi cuerpo al suyo.
Enterré mi rostro en su pecho y correspondí a su abrazo. Mis ojos comenzaron a cerrarse al sentir el calor corporal de Eldran filtrarse por cada uno de mis poros y escuchar su respiración acompasada tan cerca.
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Luz de Profecía ©
Fantasy¿Qué significa esa extraña marca roja en su mano derecha? Elira no cree que tenga un significado profundo, tampoco es que la incomode, lo único que ella quiere es conocer al chico de las cartas, con quien se ha escrito desde hace algunos años. Cuand...
