El círculo invisible Part 1

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El pasillo del instituto no era solo un lugar por donde caminar; para Nayeli, era un tablero donde ella movía las piezas.

Caminaba con paso firme, siempre mirando al frente. A su alrededor, el ruido de la mañana —las risas de los demás, los gritos de los chicos, el golpe de las mochilas— parecía apagarse cuando ella pasaba cerca. Nadie se atrevía a estorbarle. La gente se apartaba a tiempo, creando un vacío a su alrededor. Para Nayeli, esa distancia era necesaria. Era su forma de asegurarse de que nadie pudiera acercarse lo suficiente como para hacerle daño.

Nayeli no quería caerle bien a nadie. Solo quería que todo estuviera bajo control. Y, para ella, tener el control significaba mantener a los demás a raya.

Se detuvo frente a su casillero. Sus manos se movieron con rapidez para abrir la cerradura. Mientras sacaba sus libros, sus ojos recorrieron el pasillo con rapidez. Vigilaba quién hablaba con quién y qué grupos se estaban formando. Desordenados, pensaba, viendo cómo algunos chicos hacían ruido sin sentido.

—Nayeli, hola... —una chica llamada Sofía se acercó tímidamente.

Nayeli no la miró de inmediato. Dejó pasar unos segundos, dejando que el silencio pesara en el ambiente. Solo entonces, giró la cabeza. Su mirada era fría, como si estuviera analizando un problema matemático.

—Estás estorbando el paso, Sofía —dijo ella, con voz tranquila pero firme—. Muévete.

La chica bajó la cabeza, sintiéndose pequeña, y se alejó rápido. Nayeli volvió a cerrar su casillero con un golpe metálico. Pero, en ese momento, sintió algo raro en el pecho. Un vacío helado, una sensación de que, a pesar de que todo parecía estar en su lugar, algo estaba fallando. Todo está bajo control, se repitió a sí misma para calmarse.

Pero, al empezar a caminar hacia su clase, algo la detuvo. Al final del pasillo, una persona la estaba mirando. No tenía miedo, no se veía sumisa como los demás. Simplemente la miraba con curiosidad, como si pudiera ver a través de su máscara.

Nayeli sintió un escalofrío. Esa mirada no entraba en sus planes. Y, por primera vez en mucho tiempo, no supo qué hacer.

Nayeli apretó los libros contra su pecho. Sus nudillos se pusieron blancos, pero mantuvo la frente en alto. No podía demostrar que aquello la había descolocado.

La persona que la observaba era alguien nueva, alguien que no conocía las reglas de su "juego". Nayeli escaneó la situación en segundos: ropa sencilla, una mochila vieja, una postura relajada. Demasiado relajada. No había rastro de esa tensión que todos los demás sentían al estar cerca de ella.

Ignóralo, se ordenó a sí misma. Si no le das importancia, dejará de existir.

Sin embargo, sus pies se movieron con una rapidez inusual mientras se alejaba. El pasillo, que siempre le parecía un espacio bajo su mando, ahora le resultaba sofocante. Sentía el peso de las miradas de los demás, como siempre, pero esta vez, la mirada de la persona desconocida le quemaba la nuca.

Llegó al baño y entró de golpe, cerrando la puerta con fuerza. El sonido del cerrojo resonó en las paredes de azulejos blancos. Por fin, silencio.

Se apoyó contra la puerta y soltó un suspiro largo, tratando de recuperar el aire. Su corazón iba demasiado rápido. Se acercó al espejo y se mojó la cara con agua fría, esperando que el frescor la ayudara a volver a ser la chica de siempre: la intocable, la fría, la que no necesitaba a nadie.

Al levantar la vista, se encontró con su propio reflejo. Pero no era la Nayeli que ella quería ver. Sus ojos se veían cansados, y esa seguridad que siempre fingía tener se estaba desmoronando como una pared mal construida.

—Solo fue una mirada —susurró para sí misma, pero su voz sonó débil, casi como un ruego.

En ese espejo, sin nadie que la observara, las defensas cayeron. El "círculo" que ella misma había levantado para protegerse se sentía ahora como un muro de una celda. Estaba atrapada dentro de su propia armadura, y el frío vacío en su pecho se hizo más grande.

De repente, un golpe suave en la puerta del baño la hizo dar un salto.

—¿Nayeli? ¿Estás ahí? —era la voz de alguien de su grupo, una de esas personas que la seguían solo por miedo—. Te estábamos buscando para entrar a clase.

Nayeli se quedó quieta, paralizada. No puedes romper el personaje, pensó. Se secó la cara rápidamente, respiró hondo y volvió a ponerse su máscara de frialdad. Cuando abrió la puerta, su rostro ya no mostraba rastro de la chica que acababa de temblar frente al espejo.

—Ya voy —respondió, con esa voz plana y sin emociones—. No vuelvas a interrumpirme.

Caminó hacia la salida, pero al pasar frente al espejo una última vez, tuvo la sensación de que, en cualquier momento, todo lo que había construido iba a terminar rompiéndose en mil pedazos.

"Desde el Radio del Círculo"Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang