Hace tres años, mi vida ideal se basaba en soñar con un matrimonio tradicional; un esposo amoroso con un buen empleo, una hermosa casa para asear, comida deliciosa que todos ansiaran probar apenas se llegara la hora, hijos corriendo por aquí y por allá.
Una vida de princesa como la que me había prometido mamá cuando era joven.
-¿Me escuchaste, idiota?
Pero en la realidad, mi vida soñada no era más que una falacia de mierda.
Aparté la mirada de la revista, cansada de tener que verle la maldita cara por este día. El hombre con el que compartía mi cama estaba parado justo frente a mí, con la frente arrugada y los ojos ardiendo en puro furor. Un gesto tan feo y deprimente que me resultó decepcionante, puesto que me había casado con un sujeto endemoniadamente hermoso.
Y, si era honesta, la verdad no me sorprendió.
Era su humor de cada día desde que colocó su firma en el contrato de matrimonio. A partir de ese momento, mi sueño adolescente se transformó en una pesadilla llena de gritos, desplantes y órdenes. En sí, cualquier cosa que lo mantuviera en su estúpido alto pedestal.
-¿Qué quieres? -le pregunté.
La sonrisa en sus labios no fue la tierna ni la divertida con la que me engatusó desde un inicio. El roce de un escalofrío me atravesó la espalda, mientras trataba de mentalizarme con lo siguiente, pero me esforcé lo suficiente para mantenerme con la mirada fuerte y no darle permiso a la sumisión.
-Mi abuela tuvo una caída y está en el hospital -bufó-. Como no haces nada por tu puta vida, tendrás que cuidar de ella.
-Pero yo...
-Me importa un carajo, es momento de que hagas algo mínimo por el apellido que te di.
La respuesta se quedó estancada en mi garganta porque el ruido de su teléfono sonó desde la soledad del comedor. Mis labios temblaron lo suficiente, buscando una ruta de escape para mandarlo a la mierda; sin embargo, él ya estaba con el celular pegado en el oído.
Abandoné por completo el interés de la revista, la dejé en la mesita de centro y me levanté con dirección al minibar. Tomé la botella nueva de whisky y me serví un vaso mediano con un mísero hielo que refrescara la temperatura de mi trago.
Ignoré a mi esposo, evitándolo y dirigiéndome al balcón del departamento. El viento me golpeó el rostro y aproveché el respiro de libertad para encender un cigarro que me acompañara en mi nuevo tormento.
No obstante, destinado a no dejarme vivir, mi esposo se me unió en el balcón, arrebatándome el cigarro para darle una bocanada honda que se llevó más de dos centímetros de mi tabaco.
-¿Ella va a venir? -preguntó dentro de su llamada.
La molestia le ahogó la mirada, haciéndolo rodar los ojos sin interrumpir al otro. Expulsé mi aire en un suspiro hondo y pretendí marcharme de nuevo, aunque el intento fue fallido porque me atrapó de la muñeca y me forzó a mantenerme junto a él.
-Supongo que ella la llamó... _____ se hará cargo de la abuela, dijo que tiene mucho tiempo libre -respondió, apretando con más fuerza mi muñeca.
Di el tirón para tratar de alejarme, pero su fuerza empeoró. Tiró el cigarro que aún llevaba en los dedos y le importó poco revolcar mi vaso contra el suelo. El estridente del vidrio haciéndose pedazos no lo inmutó, y ni siquiera recordó que llevaba el teléfono en la oreja cuando me empujó en la pared y me tomó por el cuello.
-Dejaré a _____ en el hospital y luego voy por Yeji al aeropuerto.
Respirar me fue una tarea complicada de un segundo a otro. Le tomé del antebrazo e hice el esfuerzo de quitármelo, mas no cedió.
Era inútil defenderme cuando él podía cargar poco más de 80 kg y yo solo 30 kg.
-Escúchame bien -masculló-. Te quedarás con la abuela y atenderás todas sus demandas, y a esa perra Yeji, mejor si la evitas.
Asentí a lo que decía, incluso si en ese momento solo yacían en mí las ganas de escupirle en la cara.
Usó la mano libre para apartar mis manos de su brazo y luego pasó el pulgar por el costado de mi cuello, como una caricia irritante que se sintió como la marca permanente del infierno para mí.
-Ahora lárgate y piérdete de mi vista -demandó.
El golpe de aire entró a mis pulmones como un disparo efectivo. No esperé a que agregara más mierda y simplemente me alejé de ahí.
La habitación compartida no fue la mejor opción. Mis piernas se dirigieron a la habitación de invitados y me encerré con el cerrojo puesto, al menos, hasta que pudiera respirar sin sentir que se me incrustaba un cuchillo en el pecho.
La soledad de la habitación fue el paraíso para mí. Caminé, arrastrando los pies hasta el espejo del tocador, solo para ver el tatuaje de sus manos impregnadas en mi piel. La ira llena de impotencia me recorrió el cuerpo de punta a punta, y si no lo hubiera escuchado marcharse, probablemente habría intentado clavarle el cuchillo de la cocina esta vez.
❤️
KAMU SEDANG MEMBACA
You Right || HWANG YEJI
Fiksi PenggemarDespués de tres años de completa soledad tortuosa a manos de la familia Hwang, _____ conoce el significado del amor cuando su cuñada Hwang Yeji llega de urgencia a la ciudad. ⚠️La siguiente novela presenta temas delicados para algunas personas, tale...
