El silencio de la pequeña casa de los Midoriya solo era interrumpido por el suave golpeteo de la lluvia contra las ventanas. Afuera, el cielo gris cubría toda la ciudad, mientras una brisa fresca hacía balancear las ramas de los árboles. Dentro, el aroma del desayuno recién preparado llenaba la cocina. Inko Midoriya tarareaba una melodía mientras terminaba de servir una taza de té, lanzando de vez en cuando una mirada cariñosa hacia el reloj de la pared.
—¡Izuku! ¡Llegarás tarde a la escuela! —gritó con una sonrisa.
—¡Ya bajo, mamá! —respondió una voz desde el segundo piso.
Unos segundos después, un chico de cabello verde apareció corriendo por las escaleras, sujetando a toda prisa su mochila. Casi resbaló en el último escalón, pero logró recuperar el equilibrio antes de caer. Respiró hondo y sonrió con la típica expresión amable que siempre lo caracterizaba.
—Buenos días...
—Buenos días, cariño. ¿Dormiste bien?
—Sí... aunque me quedé leyendo hasta tarde otra vez...
Inko soltó una pequeña risa mientras despeinaba con cariño el cabello de su hijo.
—Eso explica esas ojeras.
Izuku soltó una risa avergonzada antes de sentarse frente a la mesa. Tomó un trozo de pan y comenzó a desayunar tranquilamente, completamente ajeno a que aquel sería el último día de su vida normal.
Fue entonces cuando...
¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!
Ambos levantaron la vista.
—¿Quién será tan temprano...? —murmuró Inko.
Se acercó a la puerta principal y la abrió lentamente.
No había nadie.
Solo una enorme lechuza de plumaje marrón permanecía inmóvil sobre la baranda del pequeño jardín. Entre sus patas sujetaba un sobre de color crema, sellado con un grueso lacre rojo que mostraba un escudo dividido en cuatro partes: un león, una serpiente, un tejón y un águila.
La mujer abrió los ojos con sorpresa.
—¿Una... lechuza?
El ave dejó escapar un pequeño ulular antes de extender una de sus patas.
—¿Es para nosotros...?
Tomó el sobre con cuidado. Apenas lo hizo, la lechuza emprendió el vuelo y desapareció entre la lluvia.
—¡Izuku! ¡Ven un momento!
El muchacho apareció en la entrada limpiándose las manos con una servilleta.
—¿Qué pasó?
Su madre le mostró el extraño sobre.
En letras doradas podía leerse:
Sr. Izuku Midoriya
Dormitorio del segundo piso
Casa Midoriya
Los ojos verdes del chico se abrieron como platos.
—¿Cómo saben exactamente dónde está mi habitación...?
Inko tragó saliva.
—No tengo idea...
Con algo de nerviosismo, Izuku rompió el sello de cera y desplegó la carta.
"Nos complace informarle que ha sido aceptado en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería..."
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Entre Hechizos (BKDK)
FanfictionIzuku Midoriya jamás imaginó que recibiría una carta de Hogwarts. Mucho menos que terminaría compartiendo castillo con Katsuki Bakugou, el mismo chico que convirtió su infancia en una competencia interminable. Cuando el Sombrero Seleccionador los en...
