CAPÍTULO 1 - "Casualidad o destino"

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Kiryu no esperaba que aquel día tuviera nada especial.
Había dormido poco y decidió bajar al supermercado, como tantas otras veces, porque cocinar le daba una pereza terrible.
Allí estaba Haruka, detrás de la caja de siempre.
La cajera amable de sonrisa cansada, pero sincera; de esas personas capaces de hacer que un lugar tan corriente como un supermercado pareciera un poco menos gris.
Llevaban semanas hablando de forma natural cada vez que él pasaba la compra: comentarios cotidianos, pequeñas bromas, un par de palabras que, sin que ninguno lo buscara, siempre terminaban alegrándoles un poco el día.
En esas conversaciones, Haruka mencionaba a veces a "mi niña", o "la peque", o "mi hija Yui", sin entrar nunca en demasiados detalles.
Kiryu, aunque todavía no la conocía, ya se había hecho una imagen de ella. Imaginaba una niña despierta, alegre y dulce, parecida a esa pequeña luz que Haruka dejaba escapar incluso en los días en los que el cansancio parecía pesarle demasiado.
Para Haruka, ver entrar a Kiryu también se había convertido, sin darse cuenta, en una pequeña pausa dentro de jornadas demasiado largas.
"Hoy habrá alguien amable con quien hablar un momento."
Jamás lo admitiría en voz alta.
Aquel día hablaron un poco más.
Rieron por un comentario absurdo sobre un muñeco en oferta y nada más...
Pero, al despedirse, los dos sintieron que aquella conversación había dejado una sensación cálida flotando entre ellos.
Más tarde, mientras conducía hacia el trabajo, algo llamó la atención de Kiryu.
En la acera -ni siquiera por el paso de cebra- vio a Haruka corriendo con una niña pequeña de la mano que hacía todo lo posible por seguirle el ritmo.
Y supo al instante que aquella debía de ser Yui.
Las dos estaban apuradas, exhaustas, envueltas en ese tipo de prisa que solo conocen las madres que cargan solas con todo.
Kiryu redujo la velocidad, acercó el coche a la acera y bajó la ventanilla.
-Haruka. Subid. Os llevo.
Lo dijo sin pensarlo.
Haruka se quedó inmóvil unos segundos.
Era prudente por naturaleza, pero la gratitud apareció en su rostro antes incluso de que pudiera responder.
Yui, sin conocerlo realmente, sonrió con total naturalidad.
-¿De verdad? ¡Vamos, mamá!
Aquella sonrisa le encogió el corazón a Kiryu por un motivo que todavía era incapaz de explicar.
Durante el camino todo resultó sorprendentemente sencillo.
Natural.
Como si llevaran mucho más tiempo conociéndose.
Kiryu les habló de su hermana, que estaba estudiando Magisterio y que seguramente estaría encantada de hacer de canguro para Yui si alguna vez Haruka necesitaba ayuda.
Luego añadió, restándole toda la importancia posible:
-Además... me pilláis de camino. Si queréis, puedo llevaros por las mañanas.
Haruka sintió un nudo en el pecho.
No porque aquella propuesta la incomodara.
Sino porque hacía muchísimo tiempo que nadie le ofrecía ayuda sin esperar absolutamente nada a cambio.
Había una bondad tranquila en aquel hombre al volante.
Una bondad que llegaba directamente al corazón.
Kiryu las dejó frente al colegio.
Haruka le dio las gracias con una sinceridad que casi parecía una disculpa.
Yui se despidió con una sonrisa antes de salir corriendo hacia la entrada.
Kiryu continuó su camino hacia el trabajo pensando que simplemente había echado una mano a dos personas.
Nada más.
Haruka, en cambio, permaneció unos segundos observando cómo el coche desaparecía al final de la calle.
Como si, sin darse cuenta...
algo hubiera cambiado muy ligeramente dentro de ella.
Y tal vez fuera cierto.
Quizá aquel había sido el comienzo de algo.
Algo pequeño.
Pero inevitable.
5. Los sueños paralelos
Aquella noche, sin saberlo, dos corazones comenzaron a caminar en la misma dirección.
Haruka soñó con tener, por fin, un día entero para Yui.
Sin prisas.
Sin cansancio.
Sin miedo al día siguiente.
Solo ella y su hija.
Un sueño sencillo.
Casi imposible.
Kiryu, en cambio, soñó con una mesa.
Una casa llena de voces pequeñas.
Una luz cálida entrando por la ventana.
Dos risas femeninas rompiendo el silencio de un hogar que dejaba de sentirse vacío.
Soñó con tener una familia.
Soñó con ser padre.
Soñó con encontrar un lugar al que llamar hogar.
Ambos soñaron distinto.
Ambos soñaron lo mismo.

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