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capítulo 1

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Para Harry James Potter, un chico alfa, la vida nunca había sido una cuestión de codiciar riquezas, poder o influencia. Jamás había deseado nada de eso. Su forma de pensar era simple, casi común: tener un techo donde vivir y poder sobrevivir era suficiente.

Eso lo había aprendido en la casa de su tía Petunia, donde los insultos, los gritos, el desprecio y el maltrato eran parte de la rutina diaria. Hasta que llegó aquella carta que cambiaría su destino: Hogwarts.

El lugar donde sus padres habían estudiado. Un lugar donde, por primera vez, podría ser libre. Donde no sería tratado como un fenómeno. Allí todos serían como él; allí podría usar su magia sin miedo ni ataduras.

La emoción lo consumía. Estaba ansioso por conocer ese nuevo mundo.

Pero el día que esperaba no comenzó como había imaginado.

La puerta de la casa fue derribada de un golpe.

Un hombre alto y gordo entró con paso tranquilo. Llevaba varias joyas en los dedos y una sonrisa arrogante que no alcanzaba sus ojos. Harry percibió su aroma de inmediato: Sándalo mezclado con un toque ácido y desagradable. Su cabello estaba peinado con cuidado, aunque sin elegancia.

Harry sintió un escalofrío.

Su instinto gritó una sola palabra: peligro.

-¿Quién demonios eres tú? -rugió Vernon Dursley-. ¡¿Cómo te atreves a entrar en mi casa?!

Sin darse cuenta, su tío empujó a Harry detrás de Petunia. Ella reaccionó de inmediato y lo colocó a su espalda.

Harry se quedó inmóvil.

A pesar del odio que siempre le había mostrado, Petunia seguía siendo sangre de su sangre. Y, en el fondo, comprendió algo que nunca había querido admitir: ella no deseaba verlo muerto.

El omega de Petunia se despertó y gruñó con tensión ante el intruso, como si reconociera una amenaza mortal.

Y entonces Harry entendió.

Su tía no lo odiaba a él. Odiaba la magia. Odiaba pensar que terminaría igual que sus padres. Odiaba vivir con el miedo constante de perderlo.

Habían pasado meses huyendo. Las protecciones de Lily Potter apenas habían logrado mantenerlos con vida. Más de una vez escaparon por un milagro.

La voz del desconocido lo sacó de sus pensamientos.

-Vengo por Harry James Potter -dijo el hombre con una calma peligrosa.

Vernon tomó la escopeta que guardaba en la sala y le apuntó con manos temblorosas.

-¡No te acerques! Aquí no vive ningún Harry Potter.

En ese momento Dudley bajó las escaleras apresuradamente. El omega que había despertado apenas un mes atrás se paralizó al percibir el miedo que llenaba la casa.

-¡Mamá! ¿Qué pasa? -gritó antes de mirar a Harry-. ¿Quiénes son ellos?
Petunia habló con una firmeza que Harry nunca le había escuchado.

-¡Salgan por la puerta trasera! ¡Ahora!

El miedo le recorrió la espalda.

Harry tomó la mano de Dudley y se volvió por un instante. Petunia lo miraba fijamente.

-Sobrevive, Harry-susurró. Su voz tembló apenas-. Y cuida de mi hijo.

Harry sintió que algo se rompía dentro de él.

Cerró los ojos y comenzó a correr.

Detrás escuchó los gritos de su tía intentando detener a los intrusos.

El destino que decidí Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora