Capitulo 1

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Algunas puertas se abren con una tarjeta. Otras, con una decisión que cambia una vida."

A las 5:27 de la mañana, la ciudad aún permanecía medio dormida.

Las calles estaban húmedas por la lluvia de la madrugada y las luces de los edificios se reflejaban sobre el asfalto como pequeñas líneas doradas. A esa hora, la mayoría de las personas apenas comenzaba el día. Sin embargo, había un lugar donde el tiempo parecía avanzar con un ritmo diferente.

AUREX Biomedical.

La torre de cristal negro se elevaba cincuenta pisos sobre el resto de la ciudad. Su diseño minimalista, casi intimidante, la había convertido en uno de los edificios más reconocibles del continente. Desde allí se desarrollaban tecnologías médicas capaces de cambiar el futuro de millones de personas.

No era solo una empresa.

Era un símbolo.

Una ambulancia, un hospital o una universidad podían llevar el nombre de AUREX en cualquier parte del mundo.

Y, detrás de todo aquello, había una mujer de la que casi nadie hablaba en voz alta.

Un automóvil negro se detuvo frente a la entrada principal.

El conductor descendió primero y abrió la puerta trasera sin decir una palabra.

Los guardias de seguridad ya estaban preparados.

—Buenos días, doctora Voss.

Helena respondió con una leve inclinación de cabeza.

Ni una sonrisa.

Ni un gesto de superioridad.

Solo la cortesía justa.

Vestía un traje negro perfectamente entallado, una camisa blanca sin un solo pliegue y un abrigo largo que parecía moverse al mismo ritmo que sus pasos. Su cabello rubio, corto y cuidadosamente peinado, enmarcaba un rostro sereno, imposible de interpretar.

No caminaba deprisa.

Nunca lo hacía.

No tenía necesidad.

Mientras atravesaba el vestíbulo, los empleados que llegaban temprano la saludaban con respeto.

Ella respondía siempre del mismo modo.

Un gesto apenas perceptible.

Jamás ignoraba a nadie.

Pero tampoco buscaba conversación.

El silencio la acompañaba como una segunda piel.

El ascensor privado la esperaba con las puertas abiertas.

No necesitó pulsar ningún botón.

El sistema reconoció automáticamente su identidad.

Acceso autorizado.

Destino: Piso 50.

Durante el ascenso observó la ciudad a través del cristal panorámico.

Era el único momento del día en que podía verla despertar.

A veces pensaba que una ciudad se parecía mucho a un corazón.

Nunca descansaba del todo.

Solo cambiaba de ritmo.

Las puertas se abrieron con un sonido casi imperceptible.

El último piso ocupaba una planta completa.

No había recepcionistas.

No había escritorios abarrotados.

Solo amplios espacios, madera oscura, cristal, acero y un silencio absoluto.

El piso 50 Stories to obsess over. Discover now