Taylor Bradford siempre creyó que su vida ya estaba perfectamente definida: su familia era el equipo SWAT y el Departamento de Policía. Cada día era igual al anterior, y pensaba que nada podría sorprenderla.
La bienvenida a los nuevos novatos parecí...
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El bullicio constante de la estación de Mid-Wilshire siempre me resultaba extrañamente reconfortante. Aunque mi cuartel general con el equipo de S.W.A.T. tenía su propia dosis de adrenalina, este lugar era mi segundo hogar, el sitio donde crecí viendo a mi padre patrullar y a mi madrina resolver sus primeros casos.
Hoy era un día importante: el sargento Grey me había pedido apoyo para recibir a la nueva oleada de novatos. Al tener un rango superior y acceso a una base de datos más amplia, mi labor consistía en cruzar información táctica y evaluar los perfiles de los recién llegados para futuras integraciones en operativos de alto riesgo.
Mientras cruzaba las puertas automáticas de la recepción, mis dedos se movían a toda velocidad sobre la pantalla del teléfono. Le estaba enviando las directrices del día a Daniel, mi segundo al mando y mejor amigo.
«Daniel, pon a los muchachos a practicar el protocolo de redadas en espacios confinados. Tres simulacros seguidos con munición de fogueo. Quiero que mantengan el ritmo y sigan en forma, no me bajen la guardia hoy»
Tecleé, tan sumergida en mis responsabilidades que cometí el error novato de plantarme justo en medio del pasillo principal, bloqueando el flujo de paso.
De repente, el impacto me sacó de mis pensamientos. Una chica que acababa de hablar con el oficial de recepción se giró a toda prisa y chocó de lleno contra mi pecho. El teléfono por poco sale volando de mis manos. Solté un leve quejido por la sorpresa, estabilizándome sobre mis botas tácticas, y levanté la mirada al mismo tiempo que ella.
Fue en ese preciso instante cuando el mundo exterior pareció desvanecerse. Al clavar mis ojos en los suyos, experimenté una sensación extraña y fulminante, un "click" instantáneo que juraría que solo existía en las películas románticas de Hollywood. Tenía una mirada expresiva, despierta y una energía que me desarmó por completo.
-¡Lo siento muchísimo! De verdad, qué torpe soy, estaba distraída y no te vi detrás de mí -comenzó a disculparse a toda prisa, con las mejillas tiñéndose de un leve rubor y los nervios a flor de piel.
Una sonrisa involuntaria se instaló en mis labios y solté una pequeña risa para tranquilizarla.
-No te preocupes, la culpa es totalmente mía por quedarme estática como un poste en medio de una recepción policial mientras mando mensajes -respondí, restándole importancia al asunto.
Ella dejó escapar una risita suave, un sonido genuino y melódico que me pareció sumamente encantador.
-Soy Lucy, por cierto. Lucy Chen -se presentó, extendiendo una mano con timidez.
-Un placer, Lucy. Yo soy Taylor Cam...
El vibrar estridente de mi teléfono interrumpió mis palabras. Miré la pantalla: un mensaje directo del sargento Grey me notificaba que la reunión en la sala de juntas estaba a punto de comenzar y que requería mi presencia de inmediato.