Capítulo 1: El Silencio es para los Debiles

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​La biblioteca de la facultad era el único lugar en la tierra donde Ro Woon se sentía en paz. El olor a papel viejo, el silencio sepulcral y la nula interacción humana eran su definición de un día perfecto. Él no perdía el tiempo en fiestas, no le interesaban los deportes y mucho menos las charlas triviales. Su vida eran sus libros y mantener ese promedio perfecto que lo colocaba en la cima del campus.

​Alto, de porte imponente y con una expression gélida que alejaba a cualquiera a cinco metros a la redonda, Ro Woon estaba concentrado en sus notas de cálculo avanzado. O al menos lo estuvo hasta que el espacio frente a él fue ocupado.

​Escuchó el suave golpe de unos libros sobre la mesa de madera. Ro Woon ni siquiera levantó la vista, esperando que la persona entendiera el lenguaje corporal de "no me molestes". Pero entonces, una voz suave lo obligó a mirar.

​-Hola. Oye, neta qué padre que estés estudiando esto justo ahora -dijo ella, señalando sus apuntes con una sonrisa-. Es que ando un poquito perdida con un problema de integrales y me dijeron que tú eres el experto del campus.

​Ro Woon parpadeó, sintiendo un tic casi imperceptible en la ceja. Escuchar palabras como "neta" o "qué padre" en su santuario de matemáticas puras le pareció casi un sacrilegio.

​Levantó la vista y se topó con ella. Tenía el cabello largo, oscuro y lacio, y llevaba unos anteojos de marco grueso que le daban un aire muy intelectual, aunque detrás de los cristales sus ojos brillaban con una chispa de total picardía. Era alta, pero Ro Woon supo de inmediato que si se ponía de pie, ella apenas le llegaría al hombro.

​-Se dice "realmente", no "neta". Y "qué padre" no es una expresión académica -respondió Ro Woon. Su voz sonó profunda, fría y cortante, como un témpano de hielo-. Si necesitas ayuda, hay tutores asignados. Estoy ocupado.

​Valeria no se movió ni un milímetro. En su lugar, se acomodó los anteojos con el dedo índice, conteniendo una sonrisa. Había estado estudiando el comportamiento de Ro Woon desde hacía semanas; sabía que era el estudiante más brillante, pero también el más rígido. Ella también era súper aplicada y amaba estudiar, pero le encantaba divertirse en el proceso. Y hacer enojar al chico perfecto era su nuevo pasatiempo favorito.

​-Ay, no seas así, de verdad te lo agradecería muchote -insistió Valeria, apoyando los codos en la mesa y mirándolo fijamente-. Solo es una duda súper rapidita. Si me ayudas, te dare mil gracias.

​Ro Woon cerró su libro de golpe, provocando un eco en la silenciosa biblioteca. La miró fijamente, intentando descifrar por qué usaba esos diminutivos y palabras tan informales con tanta naturalidad. Ella se veía sumamente inteligente, sus apuntes estaban impecables, pero su forma de hablar lo sacaba por completo de su zona de confort.

​-"Muchote" y "mil gracias" son redundancias infantiles -la corrigió de nuevo, inclinándose un poco hacia adelante. Su imponente altura se hizo notar incluso sentado-. Te sugiero que uses un vocabulario más maduro si estás en esta facultad.

​-Me llamo Valeria -dijo ella, ignorando por completo su tono gélido y extendiendo una mano limpia y cuidada-. Y tú eres Ro Woon. El chico que nunca se equivoca y que corrige a todo el mundo.

​Ro Woon miró su mano y luego sus ojos. Algo en la determinación de Valeria Mar, en su postura impecable y en la inteligencia que desbordaba a pesar de sus palabras juguetonas, le generó una extraña punzada de curiosidad. No le dio la mano, pero tampoco volvió a abrir su libro para ignorarla.

​-Vuelve a hablar con propiedad, Valeria -sentenció él, pronunciando su nombre con una lentitud que hizo que a ella se le erizara la piel-. O esta va a ser la última vez que me veas la cara en esta biblioteca.

​Valeria sonrió, una sonrisa pequeña y hermosa mientras se quitaba los anteojos y los dejaba sobre la mesa, revelando una mirada decidida.

​-Trato hecho, Ro Woon. A ver quién aguanta más.

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