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𝟻. ᴇʟ ᴍɪᴛᴏ ᴅᴇ ᴏʀꜰᴇᴏ

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Koufonisia, Grecia; Agosto, 2025

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Koufonisia, Grecia; Agosto, 2025.

Paso la página, sujetando el libro con una sola mano, mientras uso el otro brazo como cojín para mi cabeza. El sol comienza a picar un poco, pero la verdad es que es bastante agradable estar aquí tumbado, al borde de la piscina, con un pie en el agua, mientras leo tranquilamente. El único sonido que perturba al silencio son las olas rompiendo en la playa a unos pocos cientos de metros y el chapoteo constante de Fran, que nada de una punta a otra de la piscina en lo que él llama su "entrenamiento diario de élite".

—¿Qué lees? —me pregunta, interrumpiendo sus largos y apoyándose en el borde con los codos, junto a mí.

—“El problema de los tres cuerpos”, de Liu Cixin —contesto, apoyando el libro en mi pecho y girando la cabeza para mirarlo—. Mezcla un poco de física, filosofía e historia.

—Cómo no —pone los ojos en blanco, haciéndome reír—. Si no quieres que te moje el libro y las gafas, ponlos en otro sitio —me advierte, y me pregunto qué se dispone a hacer.

Le hago caso, y lanzo el libro suavemente hacia mi izquierda, cayendo este sobre el mullido césped sin apenas hacer ruido. Hago lo mismo con las gafas, quitándomelas y tirándolas con cuidado cerca del libro. En cuanto eso está hecho, Fran sale del agua, impulsándose en el borde con los brazos y poniéndose a gatas sobre mí, empapándome por completo.

—¡Fran! —me quejo, entre risas, mientras él se sacude como un perro mojado, salpicándome más agua—. La madre que te... —no acabo la frase, porque sin previo aviso me agarra la cara y me besa. Cuando nuestros labios se separan, encuentro fuerzas para protestar—. Eso es lo que suelo hacer yo, no vale.

Él se ríe y se acomoda sobre mí, sentándose en mi regazo a horcajadas y tendiéndose de modo que su cabeza está en mi pecho. Su piel está fría y húmeda, y es bastante agradable en contraste con el calor que estaba empezando a sentir. Llevo mis manos a su pelo, jugueteando con él.

—Mañana llegan mis amigos —dice el argentino, y sé perfectamente que no es un comentario insignificante.

Los dos hemos pasado toda la semana exprimiendo cada segundo juntos, especialmente porque sabíamos que no íbamos a estar solos todo el tiempo, pero ninguno ha querido decir en voz alta que esto tendría un fin. Por mucho que Fran desee ver a sus amigos, es evidente que no vamos a poder estar como estamos ahora cuando ellos lleguen. Es en parte por eso que hemos intentado disfrutar tanto del otro en esta semana, que ha estado llena de charlas, juegos, paseos, baños y sexo.

—¿Te hace ilusión? —pregunto.

—Sí, evidentemente —responde, apoyando su barbilla en mi pecho para mirarme a los ojos—. Pero me gustaría haber tenido más tiempo contigo —admite, sus dedos trazando figuras imaginarias sobre uno de mis pectorales.

—Todavía nos quedan toda la tarde y la noche para nosotros solos —aporto, acariciando su mejilla y sonriendo ante el modo en que inclina su cabeza hacia mi mano, buscando más contacto.

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