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El olor a hierro y lluvia ácida impregnaba el callejón trasero del distrito financiero de Bangkok. Las luces rojas y azules de las patrullas parpadeaban contra las paredes de ladrillo mojado, dibujando sombras distorsionadas en la escena del crimen.
Gemini Norawit se agachó, acomodándose la gabardina oscura para evitar que tocara el suelo empapado. Sus ojos, afilados y desprovistos de cualquier emoción, escanearon el cuerpo del hombre trajeado que yacía apoyado contra un contenedor de basura. Era un conocido juez de la corte superior, famoso por aceptar sobornos de redes de tráfico humano. Ahora, tenía la garganta perfectamente rebanada de oreja a oreja. Un corte limpio. Profesional. Quirúrgico.
—Es él otra vez, inspector... —susurró el oficial de apoyo, rompiendo el silencio—. El Fantasma. Mismo modus operandi. No hay cámaras útiles en tres manzanas a la redonda, ni huellas dactilares, ni rastros de ADN del atacante. El tipo es invisible.
Gemini no respondió. Se colocó los guantes de látex con un chasquido seco. El Fantasma, llevaba seis meses asolando a la élite corrupta de la ciudad, y la prensa ya estaba bautizándolo como un héroe urbano, algo que a Gemini le revolvía el estómago. Para él, un asesino era un asesino, sin importar los pecados de sus víctimas.
Sin embargo, algo en el pecho de la víctima llamó su atención.
Gemini estiró la mano y apartó con cuidado la corbata de seda ensangrentada del juez. Oculto en el bolsillo interior del saco, había un sobre de papel negro, completamente seco, protegido por una fina capa de plástico.
—Inspector, espere a los forenses... —intentó advertir el oficial.
—Déjanos solos —ordenó Gemini con una voz grave y cortante que no admitía réplicas.
El oficial asintió de inmediato y retrocedió, dejando a Gemini a solas con el cadáver y la lluvia. Con movimientos meticulosos, el detective sacó el sobre y retiró el plástico. Al abrirlo, una pequeña tarjeta blanca reveló un mensaje escrito a máquina:
«¿Estás durmiendo bien, inspector Norawit? El café de tu estación sigue estando demasiado amargo, deberías cambiarlo por algo más dulce. Nos vemos pronto... —F»
Un escalofrío helado recorrió la espina dorsal de Gemini, seguido de una oleada de adrenalina pura que hizo que su mandíbula se tensara. El asesino sabía dónde trabajaba, sabía qué tomaba y, lo más perturbador, lo estaba observando de cerca. No era un mensaje para la policía. Era un mensaje privado. Para él...
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Horas más tarde, la frustración y la falta de sueño tenían a Gemini al borde del colapso. Decidió salir de la estación para despejar la cabeza. El sol apenas empezaba a salir, tiñendo el cielo de Bangkok de un tono grisáceo. Caminó de manera automática hacia una pequeña cafetería de diseño que acababan de abrir a dos calles de la estación, buscando escapar del pésimo café de la máquina de su oficina.
El lugar estaba extrañamente tranquilo, decorado con cuadros abstractos y una iluminación cálida. Al entrar, el tintineo de la campana de la puerta atrajo la atención del único hombre detrás de la barra.
—Buenos días. Bienvenido a L' Art —saludó una voz suave, melódica y provista de una paz magnética
Gemini levantó la vista y se congeló por una fracción de segundo. El chico detrás de la barra era insultantemente joven y atractivo, llevaba una camisa de lino blanca con las mangas arremangadas, revelando unos antebrazos delgados pero firmes, y un delantal negro ajustado a una cintura estrecha. Tenía el cabello castaño un poco despeinado y unos ojos oscuros que brillaban con una inteligencia felina mientras lo miraba.
— Buenos días. Un americano, cargado, sin azúcar —pidió Gemini, avanzando hacia la barra con su habitual postura rígida de detective.
El chico sonrió de lado, una sonrisa pequeña y misteriosa que hizo que los sentidos de Gemini se encendieran de inmediato. Había algo en la forma en que ese desconocido lo recorría con la mirada, desde sus botas de cuero hasta el cuello de su gabardina, que lo hacía sentir extrañamente expuesto.
—Un americano cargado... —repitió el menor, dándose la vuelta para preparar la máquina—. El inspector Norawit prefiere mantener las cosas amargas, ya veo...
Gemini se tensó por completo. Su mano derecha bajó instintivamente hacia su cadera, donde descansaba su arma reglamentaria oculta bajo la chaqueta.
—¿Cómo sabes mi nombre? No llevo la placa a la vista —soltó Gemini, su voz bajando a un tono peligrosamente bajo y amenazante.
El castaño se dio la vuelta despacio, sosteniendo la taza de porcelana humeante entre sus manos. No mostró ni una pizca de miedo ante la mirada penetrante del detective. Al contrario, sus ojos brillaron con diversión salvaje. Caminó hasta quedar a centímetros de Gemini, separados únicamente por la madera de la barra, y deslizó la taza hacia él.
—Su rostro sale en los periódicos cada vez que el departamento de policía necesita dar la cara por un nuevo fracaso, inspector... —respondió el chico, inclinándose ligeramente hacia adelante. Su aroma, una mezcla refinada de perfume caro, hojas de té y algo sutilmente dulce, inundó el espacio personal de Gemini—. Además... las personas interesantes siempre llaman mi atención. Soy Fourth, el dueño de este lugar
Gemini sostuvo la mirada de Fourth, intentando leer detrás de esa fachada de barista encantador. Había una seguridad en la postura de Fourth, una falta total de sumisión ante la autoridad, que despertó todas las alarmas de su instinto policial.
Sus ojos bajaron por un segundo a las manos del chico: dedos largos, limpios, pero con sutiles callosidades que no pertenecían a alguien que solo servía café.
—Tienes una hora de apertura muy temprana, Fourth —comentó Gemini, tomando la taza pero sin apartar los ojos de él.
—A veces paso la noche en vela, inspector. Me gusta la oscuridad de la madrugada... se hacen las mejores cosas cuando el resto del mundo duerme —contestó Fourth, su voz arrastrándose con una sensualidad implícita que hizo que el ambiente se volviera repentinamente pesado.
Fourth apoyó los codos en la barra, reduciendo aún más la distancia entre sus rostros. Gemini pudo notar la perfecta simetría de sus labios y la fijeza de su mirada, desafiándolo a dar el siguiente paso.
—Es un hábito peligroso —dijo Gemini, dando un sorbo al café. Para su sorpresa, el sabor era perfecto, pero su mente estaba demasiado ocupada procesando la tensión eléctrica que acababa de nacer entre ambos—. La madrugada es cuando los monstruos salen a cazar.
Fourth sonrió, esta vez mostrando un destello de dientes blancos, una expresión que rozaba lo depredador.
—Oh, lo sé, inspector. Pero a veces, a los monstruos les gusta que los cacen... El problema es que la policía de esta ciudad suele tener muy mala puntería... espero que usted sea la excepción.
Gemini dejó la taza sobre la barra con un golpe un poco más fuerte de lo necesario. La insinuación, el doble sentido y la maldita seguridad de ese chico lo estaban descolocando de una manera que no podía permitirse.
El juego psicológico acababa de empezar en una cafetería iluminada, y Gemini supo, con la certeza de un detective veterano, que ese chico de sonrisa bonita iba a ser su completa perdición...
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N/A:
Holiiii, que opinan de este tipo de historias? les gusta? los leo!👀
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𝓙𝓾𝓮𝓰𝓸𝓼 𝓭𝓮 𝓼𝓸𝓶𝓫𝓻𝓪𝓼 🕸
FanfictionGemini Norawit es el detective estrella de la división de homicidios de Bangkok. Frío, calculador y gobernado por un sentido estricto del deber, su vida se reduce a las paredes de la estación y a una vieja obsesión: capturar al "Fantasma", un asesin...
