Capítulo 1: De mordidas y reportes

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El chirrido de los tenis contra la duela del gimnasio era el único sonido que competía con la estridente música pop que resonaba desde la grabadora. El calor dentro del recinto era sofocante, impregnado de laca para el cabello, sudor y esa sutil mezcla de feromonas que flotaba en el aire de la preparatoria Hawkins.
En las gradas, Nancy Wheeler ajustaba el lente de su cámara, capturando ráfagas de movimiento para la sección de deportes del anuario. A unos metros de ella, Eddie Munson balanceaba las piernas en el aire, sentado sobre el respaldo de un asiento de madera con una caja de cartón llena de botellas de agua fría. Como beta, el drama hormonal de la escuela rara vez lo afectaba directamente, pero como amigo de los dos chicos que encabezaban el ensayo, sabía que estar allí era como cuidar una bomba de tiempo.
En el centro de la pista, Steve Harrington y Jonathan Byers marcaban el paso con una sincronización impecable, aunque las miradas que se lanzaban bien podrían haber quemado el lugar.
-Cinco, seis, siete, ocho... -marcó Steve en voz alta, sacudiendo su melena castaña-. ¡Extiendan bien los brazos, por favor! Carol, vas tarde. Tammy, mantén la postura. Chrissy, perfecto. Y ustedes dos... -Steve señaló vagamente a las otras dos chicas de la línea de atrás, de cuyos nombres nunca lograba acordarse a pesar de llevar tres meses ensayando juntos-. Coordinen con el centro.
Jonathan, con sus 1.70 metros de estatura y su cabello rubio perfectamente recogido, soltó un bufido audible mientras se colocaba al frente para la transición de la rutina. Ser el subcapitán implicaba soportar las órdenes de Steve, algo que su orgullo de omega popular no toleraba fácilmente.
De pronto, las pesadas puertas dobles del gimnasio se abrieron de golpe, interrumpiendo la concentración del equipo. Jason Carver y Tommy H. entraron arrastrando los pies con aire de suficiencia. Tommy fue directo hacia Carol, guiñándole un ojo, mientras que Jason se detuvo a medio camino, clavando sus ojos intensos en la grada donde Eddie intentaba pasar desapercibido detrás de las botellas de agua. Jason fingía que iba de paso, pero en Hawkins todos sabían -aunque nadie lo dijera en voz alta- que el atlético capitán de básquetbol y el metalero del Hellfire Club se traían algo entre manos en secreto.
Jonathan notó la entrada de los recién llegados y, aprovechando un giro de la coreografía, le dedicó una sonrisa coqueta y un sutil saludo con la mano a Jason.
Grave error. Jason era el exnovio de Steve.
Los ojos castaños de Steve se encendieron en furia al ver la provocación. Justo cuando Jonathan daba el paso atrás para la formación en pirámide, Steve estiró el pie con perfecta precisión milimétrica. El zapato de Steve interceptó el tobillo de Jonathan, haciéndolo perder el equilibrio por completo.
El golpe contra la duela resonó en todo el gimnasio.
-¡Fíjate por dónde vas, Byers! -se burló Steve de inmediato, cruzándose de brazos con una sonrisa de suficiencia-. Un subcapitán no debería ser tan torpe.
Jonathan se incorporó de inmediato, el rostro rojo de la humillación y la rabia. Se limpió el polvo de la falda del uniforme y avanzó hacia Steve con los puños apretados.
-¡Eres una perra, Harrington! -le gritó Jonathan a la cara, atrayendo la atención de todo el mundo.
-¡Cállate, oxigenada de quinta! -le devolvió el grito Steve, acortando la distancia de cinco centímetros que los separaba por la diferencia de estatura-. ¡Aprende a mantenerte en pie antes de andar buscando atención ajena!
Jonathan no aguantó más y se abalanzó sobre él. El choque de los dos omegas desató el caos. Entre manotazos, jalones de cabello, arañazos y el siseo de sus feromonas en conflicto, la duela se convirtió en un ring.
-¡Oigan, oigan! ¡Paren ya! -gritó Eddie, soltando las botellas de agua y saltando de las gradas a toda prisa.
Nancy dejó caer la cámara sobre su pecho y corrió hacia ellos junto al beta. Eddie rodeó la cintura de Steve con sus brazos, arrastrándolo hacia atrás mientras el castaño seguía lanzando patadas al aire. Nancy, por su parte, se interpuso firmemente frente a Jonathan, empujándolo por los hombros para frenar su avance.
-¡Suéltame, Munson! ¡Le voy a quitar lo rubio a golpes! -bramaba Steve, zafándose del agarre.
-¡Inténtalo, Harrington! ¡A ver si así se te acomoda el cerebro! -le gritó Jonathan, respirando con dificultad mientras Nancy intentaba calmarlo.
Jason y Tommy observaban la escena desde la entrada; Tommy se reía a carcajadas, mientras Jason miraba de reojo a Eddie, preocupado por el alboroto. El ensayo había terminado de la peor manera posible, y el olor a tensión en el gimnasio tardaría horas en desaparecer.

ESE ALFA ES MÍOHistórias para pegar e não largar. Descubra agora