Capítulo 1 - La Fractura

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El sonido del silbato aún le zumbaba en los oídos.

Pía apretó los dientes mientras intentaba levantarse del hielo, pero el dolor en su brazo izquierdo la detuvo de inmediato. Una punzada aguda le subió hasta el hombro y la hizo soltar un quejido. El partido seguía a su alrededor, pero para ella todo se había detenido en ese segundo.

-¡Pía! ¿Estás bien? -gritó una de sus compañeras acercándose patinando rápido.

Ella negó con la cabeza, respirando entrecortado.

-Creo que... me quebré -murmuró, mirando su brazo en una posición que no era normal.

En pocos minutos, el ruido del estadio fue reemplazado por sirenas.

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El hospital olía a desinfectante y urgencia.

Pía estaba sentada en una camilla, con el brazo inmovilizado de manera improvisada. Su pelo castaño claro caía desordenado sobre sus hombros, y cada tanto hacía una mueca de dolor cuando intentaba acomodarse.

-¿Nombre completo? -preguntó una enfermera mientras anotaba en la planilla.

-Pía... -respondió ella, tragando saliva-. Pía... Ramírez.

La puerta se abrió con rapidez.

-Fractura de radio probable, caída durante actividad deportiva -dijo un residente sin levantar mucho la vista del expediente.

Pía alzó la mirada por reflejo.

Y ahí lo vio.

Alex Karev.

No sonreía. No hacía ningún esfuerzo por ser amable. Solo observaba su brazo con una concentración fría, profesional... casi intimidante.

-¿Duele mucho? -preguntó él, directo.

-Sí -respondió ella, sin apartar la mirada.

Por un segundo, algo en él se detuvo. No fue evidente. Apenas un parpadeo más lento de lo normal.

-Vamos a hacer una radiografía -dijo, girándose ya hacia el equipo.

Pero Pía no dejó de mirarlo.

Había algo en su forma de moverse. En esa distancia emocional. En esa frialdad que no parecía solo profesional.

Algo que, sin entender por qué, la dejó completamente quieta.

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Más tarde, con el brazo ya enyesado, Pía esperaba el alta.

-Vas a tener que volver para control -le explicó la enfermera- y después fisioterapia.

-¿Fisioterapia? -repitió ella.

-Sí, varias sesiones.

Pía asintió lentamente.

Sin saberlo, ese detalle le pareció... perfecto.

Porque eso significaba que volvería.

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En otro pasillo del hospital, Alex firmaba un informe cuando uno de los residentes pasó hablando.

-La paciente de ortopedia, la de hockey... bastante linda, ¿no?

Alex levantó la vista apenas.

-Concéntrate en tu trabajo -dijo seco.

Pero su mano se detuvo medio segundo más de lo normal sobre el papel.

Y eso fue todo.

Como si no hubiera pasado nada.

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Pía salió del hospital con el brazo enyesado y una idea fija en la cabeza que no lograba explicarse.

No sabía su nombre aún.

Pero ya sabía algo peor.

Quería volver a verlo.

Entre fracturas y latidosStories to obsess over. Discover now