Una vez, cuando era pequeño, mi madre oyó hablar de una historia. Desde entonces, esa historia se ha contado una y otra vez y, personalmente, siempre me ha gustado mucho.
Trataba sobre una chica que vivía en Escocia. No recuerdo muy bien su nombre; creo que se llamaba Claire. Según la leyenda, desapareció y viajó al pasado. Allí encontró al amor de su vida, un hombre llamado Jamie.
Veréis, la gente desaparece constantemente. Preguntad a cualquier policía. O, mejor aún, a cualquier periodista. Las desapariciones son moneda corriente para ellos. Los jóvenes se escapan de casa, los niños se pierden y nunca vuelven a ser vistos y hay amas de casa que un día cogen el dinero de la compra y un taxi hasta la estación.
Algunos de los desaparecidos son encontrados, vivos o muertos. Después de todo, casi todas las desapariciones tienen una explicación.
Menos la mía.
Junio de 2026, Barcelona
Taka, un chico de diecinueve años, vivía con su novio, Leo, que tenía la misma edad. Era de estatura media y delgado, con el pelo negro y algo desordenado, como si nunca consiguiera peinárselo del todo. Tenía los ojos marrones y una sonrisa fácil que hacía que pareciera más joven de lo que era. Solía vestir con ropa cómoda y siempre desprendía una tranquilidad contagiosa.
Leo, en cambio, era unos centímetros más alto y tenía una constitución más atlética. Su pelo castaño, ligeramente largo, casi siempre estaba despeinado porque tenía la manía de pasarse la mano por él cuando pensaba. Sus ojos verdes eran muy expresivos y se iluminaban cada vez que hablaba de algo que le apasionaba.
Leo estudiaba Historia y, además, trabajaba con su tío en distintas investigaciones históricas. Podía pasar horas leyendo documentos antiguos, investigando acontecimientos olvidados o escuchando historias sobre la España de siglos atrás. Después llegaba a casa y se las contaba todas a Taka.
Por su parte, Taka había estudiado un grado medio de Auxiliar de Enfermería. La historia no le apasionaba tanto como a Leo, pero le encantaba escucharle. Verlo hablar con tanta emoción siempre conseguía sacarle una sonrisa.
Llevaban un año viviendo juntos, desde que ambos habían cumplido la mayoría de edad. No tenían una vida perfecta, pero eran felices dentro de lo que cabe.
Carla, la mejor amiga de los dos, tenía dieciocho años y vivía a pocas calles de su casa. Era bajita, de pelo castaño y rizado, que le caía por debajo de los hombros. Sus ojos oscuros parecían estar siempre llenos de energía y era incapaz de permanecer mucho tiempo quieta. Tenía la extraña habilidad de convertir cualquier momento serio en algo divertido.
Aquella noche había ido a cenar con ellos.
Taka estaba terminando de poner la mesa cuando escuchó la puerta de entrada abrirse.
Levantó la vista y vio aparecer a Leo, con la mochila colgando de un solo hombro y la corbata ya medio desanudada.
—Hola.
—Hola.
Leo no dijo nada más. Cerró la puerta con el pie, cruzó la habitación y le dio un beso rápido antes de dejar caer la mochila al suelo como si pesara el triple de lo normal.
Carla, desde el sofá, levantó la cabeza sin disimulo.
—Vale, ¿qué te ha pasado en la cara?
—¿Qué le pasa a mi cara?
—Que la tienes rara. Como si hubieras visto un fantasma y no supieras si contarlo o fingir que no ha pasado nada.
Leo se dejó caer a su lado en el sofá y soltó un suspiro largo, de los que cuentan más que cualquier frase.
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Forasteros
ActionUn joven llamado Taka vive en Barcelona con su pareja Leo y su amiga Carla, en una vida aparentemente normal hasta que empiezan a surgir indicios de algo imposible: una antigua historia que su madre solía contar sobre una chica llamada Claire que...
