...
¡!
Abrí los ojos de golpe, como si alguien me hubiera arrastrado de mi cama cómodamente hacia una superficie dura y firme, podía sentir el dolor de mi cuerpo, más intenso de lo que ya era, pues con la edad sabía que era algo común en mi día a día...
Por un segundo no entendí nada, solo podía ver el cielo sobre mí, completamente despejado, tan tranquilo que casi parecía burlarse de la sensación horrible que tenía en el pecho hace un momento... me quedé quieto unos segundos, respirando despacio, tratando de entender dónde estaba, qué era este lugar, o por qué sentía esa extraña mezcla entre miedo y nostalgia apretándome la garganta.
Cuando finalmente logré incorporarme, lo primero que vi fue un enorme campo de flores extendiéndose frente a mí, no había casas, no había caminos, no había nadie.
Simplemente muchas flores por todo el lugar.
Solo flores.
De muchos colores, moviéndose suavemente con el viento, como si aquel lugar no perteneciera al mismo mundo que conocía, era demasiado tranquilo, demasiado silencioso, lo que para unos podría ser un espacio de tranquilidad y paz, para otros, incluyéndome, podía volverse incómodo.
Fruncí un poco el ceño y me llevé una pata a la cabeza, intentando recordar cómo demonios había llegado ahí, pero para mí mala suerte, no había nada, ni un solo recuerdo, ni una pista, era como si hubiera aparecido en medio de ese lugar sin explicación alguna.
Y lo más extraño de todo era que no estaba asustado, no me aterraba la idea de quedarme solo en un lugar que no conozca, podría tener confusión, si, demasiada, pero miedo... no
Aunque no me quedaba claro del todo, algo me decía que una parte de mí ya conocía ese lugar, como si mi cuerpo lo reconociera antes que mi propia memoria, esa sensación era extraña, casi molesta, que no podía explicar, pero tampoco podía ignorar.
Caminé hasta un lago cercano que había en mi entorno, y lo que vi en el reflejo del agua, era simplemente lo mismo, la cara de un vaporeon cansado y viejo, pero que se mantenía firme en la vida por algún motivo...
Terminé soltando un suspiro largo y me dejé caer sobre el pasto otra vez, mirando el cielo como si allá arriba estuviera escondida alguna respuesta, arranqué una pequeña flor que tenía al lado y comencé a jugar con ella entre mis dedos, más por costumbre que por otra cosa, supongo que cuando uno pasa demasiado tiempo solo, termina acostumbrándose a hablar consigo mismo, aunque no haya nadie escuchando.
Me pregunté, una vez más, cómo había terminado aceptando algo como esto, ser parte de un grupo de jóvenes exploradores, todavía me sonaba ridículo tan solo pensarlo, a mi edad, después de toda una vida encerrado.
Después de haber aprendido a mantener distancia con casi todo lo que me rodeaba. Después de pasar años convenciéndome de que estar solo era mi única opción, más seguro... menos doloroso...
Desde que ella se fue, muchas cosas dejaron de tener sentido...y aun así terminé aquí, rodeado de adolescentes con demasiada energía, problemas que claramente no eran míos y aventuras que, sinceramente, ya no estaba seguro de como terminarían.
A veces me preguntaba si realmente seguía ahí por gusto... o simplemente porque no sabía hacer otra cosa con mi vida, quizá era costumbre, quizá culpa, quizá ambas.... No importaba nada a este punto...
Estaba tan metido en mis propios pensamientos que casi ni reaccioné cuando escuché mi nombre.
¡TEO!
YOU ARE READING
Momentos de Calidez
RomanceHay heridas que parecen no cerrar, y cosas que pesan más que las palabras, cosas que uno lleva consigo durante años, como el frío que se instala en alguien y ya no se va, pero a veces, hasta en la tormenta más fría, el calor puede llegar sin darse c...
