El calor de la tarde se filtraba por las rendijas de las persianas, dibujando líneas doradas sobre el suelo de madera de la sala. Dabi, con apenas ocho años, estaba sentada en la alfombra, rodeada de libros que superaban su propio tamaño. No eran libros de cuentos infantiles con ilustraciones coloridas y finales felices; eran enciclopedias, libros de historia y gruesos volúmenes de geografía que su abuelo le había regalado en su último cumpleaños.
Para cualquier otra niña de su edad, aquello habría sido un castigo, una tortura impuesta por adultos severos. Pero para Dabi, era un refugio. Las palabras impresas en aquellas páginas eran puertas a mundos que no conocían las limitaciones de su pequeño pueblo.
En su familia, Dabi no era solo una niña. Era un símbolo, un estandarte. Al ser la primera nieta de sus abuelos maternos y paternos, cargaba sobre sus pequeños hombros el peso invisible de las expectativas. "Tienes que ser el ejemplo", le decía su madre, Diana, mientras le peinaba el cabello ondulado antes de ir a la escuela. "Harlan te observa. Mariana y Ana te observan. Eres la mayor, Dabi. No puedes fallar".
Harlan, su hermano menor por tres años, era un torbellino de energía inagotable. Mientras Dabi pasaba horas en silencio, absorta en la lectura, Harlan corría por la casa imaginando batallas épicas contra monstruos invisibles, tropezando con los muebles y llenando el aire con sus gritos de guerra. Dabi lo observaba a veces por encima del borde de su libro, sintiendo una extraña mezcla de envidia y responsabilidad. Él era libre de ser un niño. Ella, en cambio, tenía que ser una adulta en miniatura.
El pueblo en el que vivían era pequeño, de esos lugares donde todos conocen el nombre de tu madre y el color de las cortinas de tu casa. La reputación de Dabi como la "niña prodigio" se había extendido rápidamente. Las maestras de la escuela primaria la elogiaban constantemente, poniéndola como ejemplo ante sus compañeros. "Miren a Dabi", decían, "siempre tan atenta, siempre con la respuesta correcta".
Aquellos elogios, que a cualquier otro niño le habrían inflado el ego, a Dabi le generaban una profunda incomodidad. Ella no se consideraba un genio. No resolvía ecuaciones complejas en su mente ni componía sinfonías. Simplemente le gustaba leer. La lectura era su forma de escapar del ruido, de las expectativas, de la mirada constante de los adultos que esperaban grandes cosas de ella.
Una tarde, después de la escuela, Dabi se encontraba en el porche de su casa, intentando concentrarse en un libro sobre la antigua Roma. El sonido de unos pasos apresurados la hizo levantar la vista. Era Erick, su primo favorito. Erick era tres años mayor que ella y, a diferencia de los demás niños del pueblo, no la trataba como si fuera de cristal. Para él, Dabi no era la "niña prodigio", era simplemente su prima menor, alguien con quien compartir secretos y aventuras.
—¡Dabi! —exclamó Erick, deteniéndose frente al porche, jadeando levemente—. Tienes que venir a mi casa. Ahora mismo.
Dabi cerró el libro con cuidado, marcando la página con un trozo de papel.
—¿Qué pasa, Erick? Estoy leyendo.
—Olvida el libro por un rato —dijo él, agitando las manos con impaciencia—. Tengo algo nuevo que enseñarte. Lo compré ayer en el mercado del centro. Es increíble. Tienes que verlo.
La curiosidad, siempre latente en Dabi, superó su deseo de seguir leyendo sobre emperadores y gladiadores. Dejó el libro sobre la silla de mimbre y se levantó.
—Está bien. Pero solo un rato. Mamá me pidió que ayudara a Harlan con sus tareas antes de la cena.
—Será rápido, te lo prometo —aseguró Erick, tomándola de la mano y tirando de ella hacia la calle.
La casa de Erick no estaba lejos. En pocos minutos, llegaron a su sala, que estaba sumida en la penumbra. Erick había cerrado las cortinas para crear un ambiente de cine. En el centro de la habitación, frente al viejo televisor de tubo, había un reproductor de DVD, un aparato que en aquel entonces era considerado un lujo tecnológico en el pueblo.
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Hecho A Mano
FanfictionLa primera temporada narra el viaje de Dabi, una joven brillante y agobiada por las expectativas familiares que encuentra un refugio intelectual en la lectura, hasta que su obsesión por el universo de *Naruto* la lleva a desafiar las leyes de la rea...
