Si estás leyendo esto, significa que todavía tienes tiempo.
Tiempo para llamar a alguien.
Tiempo para abrazar a alguien.
Tiempo para perdonar.
Tiempo para pedir perdón.
Puede parecer extraño que una historia empiece de esta manera.
Después de todo, las historias suelen comenzar con nombres, lugares o fechas importantes.
Esta comienza con el tiempo.
Porque durante años creíste que era algo infinito.
Algo que siempre estaría allí.
Esperándote.
Como el cielo después de la lluvia.
Como las estaciones.
Como los días que se convierten en meses sin que te des cuenta.
Pensaste que siempre habría otro mañana.
Otra oportunidad.
Otra conversación.
Otro abrazo.
Otra despedida.
Te equivocaste.
La verdad es que nadie sabe cuánto tiempo tiene.
Ni una persona.
Ni un día.
Ni siquiera un segundo.
Y quizás ese sea el mayor error que cometes.
Vives como si fueras eterno.
Como si las personas que amas fueran eternas.
Como si las palabras pudieran esperar.
Como si los sentimientos pudieran guardarse para después.
Como si existiera un momento perfecto para decir:
"Te quiero."
"Te extraño."
"Perdóname."
Pero la vida rara vez espera.
Y cuando finalmente decides hablar...
A veces ya es demasiado tarde.
Esta no es una historia sobre la muerte.
Es una historia sobre todo aquello que dejas sin decir antes de que ella llegue.
Sobre las oportunidades perdidas.
Sobre los silencios que pesan más que las palabras.
Sobre las personas que crees que siempre estarán ahí.
Y sobre el dolor de descubrir que no era cierto.
Tal vez, mientras leas estas páginas, pienses en alguien.
Tal vez recuerdes una llamada que no hiciste.
Un mensaje que nunca respondiste.
Una persona que lleva demasiado tiempo esperando escuchar algo de ti.
Si eso ocurre...
No cierres este libro sintiéndote triste.
Ciérralo y ve a buscarla.
Porque hay cosas que solo se comprenden cuando ya parece tarde.
El amor no duele cuando se va.
Duele cuando te das cuenta de que pudiste haber amado más.
Y ya no queda tiempo para hacerlo.
Bienvenido a esta historia.
O quizás...
A la tuya.
